Por Jacobo Rodríguez
Para qué esconderlo. En lo más hondo de mi ser pienso en el ascenso del CD Tenerife. Pero no en el ascenso vía promoción (¿dónde hay que firmar?), sino en el ascenso directo. Quizás peque de un optimismo exacerbado a ojos de muchos. Sin embargo, los números están ahí. El representativo solo ha cedido cinco derrotas (por 12 victorias y siete igualadas) en los últimos 24 partidos ligueros.
Más allá de las estadísticas están las sensaciones. Y estas son casi inmejorables. Con sus defectos, que los tiene, en muchas ocasiones me parece ver en el conjunto blanquiazul al mejor equipo de la categoría. Eso sí, cuando Cervera puede disponer de todas sus huestes. Pasa en todos los equipos de todas las categorías. Las bajas de los mejores se notan, aunque quizás en el Tenerife estas lo hacen con marcado carácter.
Sería una simpleza no mentar la gran temporada que están haciendo hombres como Bruno, Suso o Ricardo, por citar a algunos de casi todos, y la importancia que tienen en el éxito de esta campaña. Sin embargo, hay dos jugadores cuyas ausencias parecen siempre especialmente significativas. Se trata de Aitor Sanz y de Ayoze Pérez. Por dos motivos: con sus respectivas particularidades definen el estilo de este Tenerife y por la diferencia palpable que existe respecto a sus circunstanciales sustitutos.
Así, la baja del de María Jiménez para el partido contra el Eibar (está por ver cuándo puede volver) supone una reválida más para el equipo. Contando desde la décima jornada, el Tenerife solo ha perdido tres partidos con Ayoze Pérez sobre el verde (Córdoba, Alcorcón y Barcelona B). Con todo y con ello, si los nuestros son capaces de vencer en Ipurúa, mi quimera comenzará vislumbrar signos de probable realidad. Que así sea.