Por @JF_Rojas
Imagino que, igual que yo, el aficionado medio del Tenerife vivirá cada exhibición de Ayoze Pérez con una mezcla de orgullo y amargura. A estas alturas nadie tendrá dudas respecto a que el futbolista es la aparición más brillante de la cantera de los últimos, pongamos, cuarenta años. Al menos yo nunca vi a un jugador de la casa con esa capacidad para dominar al rival y desequilibrar los partidos. Cada acción de Ayoze es una manifestación de superioridad física y técnica que nos conduce a la felicidad deportiva antes de, pasado el momento de la exaltación, llevarnos a un estado mental de frustración por su situación contractual. Se hace muy cuesta arriba asumir que en un par de meses la etapa de Ayoze habrá terminado sin dejar hitos deportivos ni soluciones económicas para la entidad que invirtió en su formación.
Escribía el domingo en twitter al calor del último alarde del chico en el Heliodoro que si su anunciada salida del equipo ya era un fracaso monumental, conocer el precio aproximado por el que dicen que saldrá eleva el asunto a la categoría de cagada histórica. Cervera lo ha admitido entre líneas esta semana al dar a entender que el club no supo atar al futbolista mientras pudo, algo especialmente grave si tenemos en cuenta que se trata de un jugador que marcaba diferencias en el filial y cuyas escasas apariciones del año pasado ya alertaban de que podía ser otra cosa. Ahora todo el mundo repite que no hay solución tratando de asumir los hechos pero a mí la cuestión me sigue pareciendo inasumible, más aún cuando en realidad el desenlace más razonable y conveniente para todos los intereses involucrados, incluidos los del futbolista, habría sido la renovación.
Llegados a este punto al menos interesaría sacar algo en limpio de lo sucedido. Aunque haya que dar por perdidas las inmensas ganancias deportivas y económicas que Ayoze podría haber dejado, su aparición nos deja la certeza de que no hay modelo de futuro más factible en el Tenerife que el de la buena gestión de su cantera. Ayoze Pérez es el ejemplo viviente de que este club también puede producir futbolistas excepcionales, futbolistas que bien llevados no sólo aseguren la viabilidad económica de la entidad sino que permitan aspirar a objetivos deportivos que de otra manera difícilmente se conseguirían. Espero que el enorme fracaso que representa su marcha al menos sirva para que los que mandan aprendan la lección y sigan por el camino correcto. Lo contrario, más que un fracaso sería una canallada.