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La suerte de los elegidos (26-2-14)

Por @JF_Rojas

Mi amiga y compañera en esta web Beatriz Palmero me incita entre líneas en su columna de ayer a reflexionar sobre eso que se ha dado a llamar “la suerte del campeón”. Es un asunto que me interesa y sobre el que ya he escrito por aquí alguna vez así que tampoco me cuesta demasiado entrar al trapo y profundizar un poco. Dice Bea que escuchando hablar a Cervera sobre las aspiraciones del equipo esta temporada recordó con una sonrisa esa teoría que dice que si piensas en pequeño, serás pequeño, una hipótesis que es cierto que suscribo y que en más de una ocasión he recuperado para el entrenador y, en especial, para el presidente del club. No porque crea que pensar a lo grande te garantice salir de pobre sino, más bien, porque considero que no hacerlo sí te garantiza una larga y cómoda estancia en la miseria.

No me parece que colocar en el escaparate el objetivo de la permanencia sea pensar en pequeño. Es saludable tener las cosas claras en una Liga en la que la distancia entre el paraíso y el infierno es más corta que nunca. Ya saben, una derrota o una victoria nos coloca cada semana en la tesitura de soñar o cagarnos de miedo así que no está mal replegarse y recordar cuál es el mal mayor. Otra cosa sin embargo es que el discurso que se utilice para llegar a una conclusión de tanto sentido común recurra a fuerzas místicas o, como dice Bea parafraseando a Paulo Coelho, a confabulaciones del Universo. Más que nada porque nos transmite una estupenda coartada para descartar de antemano premios más altos ofreciendo licencia al conformismo. Si aceptamos tranquilamente que a este equipo no le acompaña esa suerte de los elegidos, ¿por qué exigirle luchar cuando haya alcanzado la permanencia?

Yo diría que eso que llamamos suerte del campeón no es más que una combinación de calidad, obligación, autoestima y azar. Sólo puede ganar a última hora, aunque sea de chiripa, aquel equipo que en lugar de acomodarse en el empate busca la portería del rival hasta el final. Si el Depor se lleva tres puntos a última hora del campo del Zaragoza tras un partido infame no es porque esté predestinado a ascender sino porque consiguió forzar un corner cuando el tiempo se agotaba. El que confía en sus posibilidades al punto de exigirse a sí mismo las mayores metas no suele dar por bueno el fracaso hasta que efectivamente se culmina. Un equipo que se siente obligado a ganar siempre tendrá más posibilidades de encontrarse con un regalo del azar que aquel que da por bueno lo que tiene. Como dice el chiste, si quieres que te toque la lotería, al menos tendrás que comprarla.

No niego y de hecho aquí lo he defendido algunas veces que el azar forma parte importante del fútbol. Muchos resultados acaban decantándose por circunstancias ajenas al juego provocando a veces debates completamente vacíos. Lo que ocurre es que tal y como dice el clásico, durante una Liga la suerte te da y te quita. Es muy raro el equipo al que le castigue la desgracia o le premie la suerte durante toda una competición. Lo habitual es que a una racha de una le siga la de la otra. La suerte del campeón es otra cosa y suele acompañar siempre a los equipos que más se exigen. No me parece que sea cosa de metafísica o brujería sino una cuestión de autocofianza y de dar la espalda al conformismo. Imagino en que Cervera también lo sabe y que lo del otro día fue más un blindaje ante la exigencia exagerada que un canto a lo sobrenatural del fútbol. Más allá de que también me parezca que ocasiones debería pensar más en grande.