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La suerte del Tenerife (25-2-14)

Por @beatrizpalmero

“Este equipo va a luchar por la permanencia”, decía tajantemente Álvaro Cervera tras ganar en Lugo. Mi primer pensamiento fue para el compañero de columnas José Rojas y su teoría de que si piensas en pequeño, serás pequeño. Y si el arranque de realismo de Cervera me sacó una media sonrisa, su argumentación ya me sacó la sonrisa entera.

Porque aunque sea inexplicable, es así. Mi madre lo resumía en un clásico si está para ti, está para ti. Sucede.  El míster ponía el ejemplo del Deportivo, al que le sale todo. Y no sólo eso. Encima le acompaña la suerte. La suerte de lograr un gol sin merecerlo en el último minuto. Justo esa que no nos acompaña a nosotros. Que no nos acompañó ante el Zaragoza, ni en los primeros partidos de liga, ni…

Me remito al Tenerife de José Luis Oltra. El año del ascenso le salía todo.  Cada vez que tiraba a puerta marcaba gol, con Nino y Alfaro en estado de gracia. Sin olvidar a Ayoze García, a Ricardo… Hasta Manolo Martínez nos parecía el mejor central que podíamos tener. Recuerdo victorias como la de Anoeta, donde Kome se inventó un penalti cuando peor estábamos jugando, o la misma del Xerez en casa, en la que logramos ganar al líder jugando con uno menos. Y el año en Primera fue justo al revés. ¿Quién olvida aquel balón a tierra en el encuentro del Villarreal que le dio el empate a los levantinos o aquel partido con el Almería que pudimos ganar de calle para acariciar la permanencia y empatamos a duras penas? Son detalles, pero detalles tales que cuando los tienes a tu favor o en tu contra señalan en cierta forma tu camino.

Y muchos me dirán que la suerte también se trabaja. Por supuesto. El Tenerife lo hace. En Lugo lo hizo. El segundo gol es la mejor muestra. Luismi Loro roba un balón y de volea se lo deja franco a Ayoze. Calidad, sí, pero Luismi estaba allí, bien colocado para poder robar ese balón. Se trabajó la suerte.

Quizá este Tenerife no está preparado para lograr esa suerte, para trabajársela. Tal vez porque tiene a los mandos a un entrenador que tiene los pies en el suelo y cree que el objetivo más realista es lograr la permanencia. Y para lograr esa suerte que parece perseguir al Deportivo, hace falta un paso más. Hace falta que el equipo, en conjunto, empiece a creer que puede tener  esa suerte, poner en marcha la conspiración del Universo a su favor, parafraseando a Paulo Coelho.

Pero la realidad es que, ahora mismo, nadie se atreve a soñar con cotas más altas, tal vez escaldados por la última vez que se pensó en playoffs, después de ganar un derbi tras el que vino un batacazo mayúsculo que acabó con los huesos del equipo de nuevo en puestos de descenso. La Segunda B está aún en nuestra memoria reciente y el miedo a estar cerca siquiera de volver es superior a cualquier momento que dediquemos a soñar. Al menos de momento.

No sé si con el paso de las jornadas este Tenerife estará preparado para pensar en otras metas. Lo que sí sé es que este Tenerife no va a bajar de nuevo. Porque se ha trabajado la suerte para ello.