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Espíritu aurinegro (22-2-14), por Antonio Oramas

Por @a_oramas

Termina el partido. Los jugadores técnicos y árbitros se meten en el tunel de vestuarios. Empiezan a apagar las luces. La mayoría de los aficionados se retiran del pabellón. Pasan cinco minutos. Independientemente del resultado, 12 hombres vuelven a la cancha. Se reúnen en el centro y juntando las manos cantan solos un riki raka. Con acento estadounidense, argentino, griego, vasco o canario.

La primera vez que lo vi fue hace cerca de 30 años y los protagonistas se apellidaban Philips, Harper, Cabrera, Mendez o Gonzalez. La última, el pasado domingo tras perder con el Zaragoza y los apellidos eran Uriz, Rost, Richotti, Papadopoulos o Blanco. ¿La próxima? Este fin de semana tras el partido contra el Barcelona.

Esta forma de entender el baloncesto, trasladable a la propia vida, es la misma que siendo niño admiré de otros ilustres canaristas. Aún recuerdo una anécdota con un jovencísimo Salva Díez, a la postre director de orquesta en el Barcelona de hace unos años. En aquel tiempo, vistiendo de aurinegro y siendo aún aprendiz del gran maestro Carmelo Cabrera, sustituyó un día a otro grande de nuestro baloncesto: D. Pepe Cabrera, en una clase de educación física en el colegio Luther King.

Aquel día decidió que jugásemos un partido de baloncesto: los buenos contra los malos. Los buenos nos dedicamos a lucirnos ante el base canarista, mientras los malos se dedicaron a meter canastas. Al final, contra todo pronóstico, ellos ganaron y uno de nosotros se echó a llorar. ¡Salva Díez le había visto perder contra los malos! ¿Sabes lo que hizo el jugador? Lo cogió aparte y durante cerca de treinta minutos le explicó la importancia del esfuerzo, del trabajo en equipo, de la humildad y de luchar por lo que uno quiere. A continuación, le cogió la mano y cantó el riki raka con él.

Puede ser que este domingo el Canarias pierda su partido, incluso de mucho, pero el espíritu aurinegro permanecerá: unidad, humildad, lucha y esfuerzo. Mientras esas características permanezcan yo, un niño llorón, estaré ahí para aplaudirles cuando digan el «… y nadie más!«.

Antonio Oramas es Responsable de Marketing en MTSA