Skip to main content Scroll Top

La sinceridad de Cervera (4-2-14)

Por @beatrizpalmero

“La sinceridad, enemiga del ganador”, cantaban Héroes del Silencio. He de reconocer que cuando apenas era una adolescente me pasaba horas escuchando sus letras y analizándolas como si tuviera que hacer un comentario de los textos de la banda. Y esta frase fue una de las que se me quedó rondando en la cabeza durante mucho tiempo, porque la vida, a medida que la fui conociendo y fui madurando, se encargó de llenarla de un significado que no le acababa de encontrar. 

Porque, en una sociedad como la nuestra, y en una profesión como la nuestra, la sinceridad es una mala virtud, es casi como hacernos la zancadilla. Es más rentable ser adulador, contar medias verdades en función de nuestros intereses o sonreír cuando tienes ganas de gritar a pleno pulmón. Decir lo que uno piensa, o peor, actuar conforme a lo que uno piensa, cierra muchas puertas, te condena en ocasiones a crearte enemigos que no has buscado, a perder amigos o a quedar relegado a un lugar que no se corresponde con tus méritos. Afortunadamente, ser franco y consecuente con uno mismo siempre logra abrir alguna puerta, porque es la mejor manera de que te respeten.

Después de temporada y media tengo que reconocer que a Álvaro Cervera le habrá costado mucho mantener esa puerta abierta. En ocasiones es tan franco que resulta abrumador. Cierto que calla muchas cosas, porque su principal trabajo es proteger un vestuario que confía en él. Pero nunca elude una pregunta, nunca se va por los cerros de Úbeda con un tópico y dudo que diga algo que no piense. Y es que, como decía Ángel Ganivet, “la sinceridad no obliga a decirlo todo, sino a que lo que se diga, sea lo que se piense”. Y Cervera me encaja perfectamente en este pensamiento del escritor granadino.

Nos llevamos todos las manos a la cabeza por la franqueza con la que se refirió a Ayoze tras ganar al Mirandés: “No estará aquí el año que viene”, nos decía con media sonrisa. Nos pueden parecen unas declaraciones inoportunas, fuera de lugar, incluso innecesarias. Probablemente lo sean. Pero, qué quieren que les diga, en mi caso, sólo ha puesto voz a mi pensamiento. Porque sí, yo también opino lo mismo. Mucha voluntad y cabezonería tiene que poner el muchacho en quedarse para sobreponerse a todo lo que le rodea, a su representante y al director deportivo. Y sí, sobreponiéndose también a ofertas de Primera División que seguro le llegarán. Ya lo dijo Miguel Concepción no hace mucho, no sería el club quien le cortase las alas a un chico de la casa con tanto talento. ¿Lo dijo con algo más de tacto? Sí, pero vino a decir lo mismo. 

El problema es que no estamos acostumbrados a tanta sinceridad. Una sinceridad que puede resultar peligrosa, y en grandes dosis, como decía Oscar Wilde “es absolutamente fatal” y a las pruebas me remito, sólo tienen que escuchar cómo hablan de él aquellos a los que les molesta que haya ido de frente y carezca de hipocresía. Es probable que su franqueza, que nunca le he visto llevar al extremo de la grosería, le granjee más enemigos que amigos, pero seguro que estos últimos serán mejores que las personas que le desean mal.  Yo no estoy ni en un grupo ni en otro, pero, no les voy a engañar, cuando habla con esa claridad meridiana, me sonrío. Ojalá hubiera más Cerveras francos y menos hipócritas mentirosos. A este país le iría mucho mejor. Y sabríamos todos a qué atenernos.