Por @beatrizpalmero
Este parón navideño siempre es controvertido. Y cuando digo parón, no me refiero sólo al parón liguero. Es que toda la vida para por completo. Son días en los que aparcas muchas cosas para ver a los amigos, a los seres queridos, para comprar, para permitirte unos caprichos… Para algunos son dichosas, para otros, son dichosas fiestas.
Yo reconozco que cambio a menudo el adjetivo de lugar a lo largo del día. A veces son fiestas dichosas y al minuto siguiente son dichosas fiestas. Y admito que antes me encantaban las navidades. Guardo muy dichosos momentos de estas fiestas. Los cartelitos que una Nochebuena puso mi madre en cada sitio, la bendición de mi abuela antes de la comida, el día que mi tío decidió cambiar el menú y trajo un cochinillo y casi nos morimos de hambre, el año que me regalaron la Botilde (sí, si, la mascotita del 1,2,3, esa misma). Luego, cuando faltó mi abuela, ya el asunto mudó un poco. La bendición de la mesa pasé a hacerla yo, por aquello que solía decir ella de que debe realizarla o el más viejo o el más joven. Ahora ya no soy la más joven, pero sigo haciéndola yo, herencia que recoge una. Después ya faltó mi madre, y desde entonces los recuerdos se me antojan menos dichosos, y el adjetivo calificativo pasó a ser epíteto más a menudo de lo que me gustaría.
Las Fiestas cambian, tanto como nos cambia la vida o como cambia la gente a mi alrededor. Y, aunque a aquellos a los que nos falta alguien, siempre nos visita la tristeza en estas fechas, he de reconocer que pesa más el inmenso cariño que recibo. Mis fiestas han cambiado mucho, ahora tengo una nueva familia que se une a la mía, y sé que seguirá creciendo y las dichosas fiestas van siendo cada vez más fiestas dichosas. Aunque al Tenerife le dé por darnos pocas alegrías antes de irse de vacaciones. Cuando perdemos por un lado, la vida siempre nos compensa por otro. Sin ir más lejos, este jueves tenemos un partido mucho más importante que el que perdimos en Córdoba o ante el Sabadell. Siete niños canarios pueden ser más felices desde este jueves, o, al menos, ser más niños, gracias a la inmensa generosidad de Vitolo y de todo su equipo. ¿Cómo iniciativas así no van a hacernos más dichosas las fiestas? La magia de estos días siempre está a nuestro alrededor, por mucho que nos empeñemos en negarla.
Por eso, cada año, no sólo soy más vieja, también más sabia. Los que se han ido siguen aquí, como todo el amor que les guardamos, y los que llegan te dan algo nuevo. Una Navidad nunca es igual a otra pero mantiene una misma magia: convertir dichosos momentos en momentos dichosos. Da igual si eres creyente o no. Sólo hace falta poner un poco de atención. Siempre hay una brisa fresca para ti. O para los demás. ¿Qué nos cuesta ser generosos? Igual estamos conviertiendo un dichoso día en un día dichoso. Y eso es mejor que todo el oro del mundo.