Por @jf_rojas
En fútbol, ya lo hemos hablado aquí antes, acostumbramos a manejar conceptos indeterminados que cobran o no sentido según las circunstancia. Esta semana por ejemplo hemos rescatado en la Isla aquello de la intensidad para explicar lo sucedido en Córdoba. Es una cuestión recurrente aunque llama la atención que nadie la saque a relucir tras un buen resultado. No suele echarse de menos la intensidad tras una victoria pese a que es razonable considerar que más de una vez también se conseguirá ganar con déficit en ese capítulo. Son sólo las derrotas las que nos vuelven especialmente susceptibles al asunto al punto de que a veces casi reducimos sus explicaciones a intangibles.
No defiendo que la concentración y la agresividad, ingredientes que rellenan el significado de esa noción imprecisa que es la intensidad, sean cuestiones secundarias en el fútbol. Sí digo en cambio que la apreciación de esa actitud en los futbolistas es, salvo casos extremos, lo suficientemente subjetiva como para manejarla con más reservas de lo que solemos aquí. Es habitual en la Isla enredarse debatiendo cuestiones abstractas mientras problemas futbolísticos concretos como los del Tenerife en Córdoba pasan desapercibidos. De hecho, aún concediendo la posibilidad de un descenso en la intensidad del equipo, ¿no sería más fruto de la incomodidad de los jugadores en el campo que de su simple voluntad?
Comparto que, como dicen muchos, este Tenerife de Cervera necesita exprimirse para conseguir resultados. Discrepo en cambio respecto a que esa sea la única dimensión del equipo. Este Tenerife no es tan plano ni tan flojo como para que confiemos todos los análisis a la actitud y sus derivados. El equipo también tiene claves futbolísticas que mejor o peor gestionadas pueden sumar o restar. En Córdoba por ejemplo el técnico no pareció dar con la tecla en la alineación inicial y tampoco hizo nada eficaz durante el partido que lo solucionara. La posición de los medios centros, la ubicación de Aitor Sanz o la decisión de prescindir de Cristo en cualquier circunstancia de partido merecería tanto o más debate que esa presunta bajada de tensión por exceso de confianza. Confiemos en que los que pueden mejorar las cosas reflexionen más sobre lo primero.