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Ayoze y el modelo (13-11-13)

Por @jf_rojas

Otro de esos asuntos de los que hablamos con insistencia cuando las cosas van realmente mal en un equipo de fútbol es el del modelo de club. Aquí tras el descenso a Segunda B nos torturamos durante los primeros meses preguntándonos con amargura por cómo queríamos que fuera el Tenerife que quedara del naufragio. Se hicieron horas de tertulia y se escribieron toneladas de páginas aunque, por su puesto, pronto todo fue devorado por las urgencias de si la pelotita entraba o no. Al final ni entre la gente hubo una reflexión seria ni dentro del club se apostó por una idea concreta sobre la que construir el futuro. Nadie aprovechó el punto de inflexión que brindaba la historia para plantar nuevos cimientos y el debate de fondo, como otros tantos, quedó para la polémica vacía.

Dos años después de aquello, el Tenerife que ha vuelto a Segunda es sustancialmente igual al que vagaba sin rumbo antes de su caída al pozo. Ahora los resultados son algo mejores y ciertos nombres como el del entrenador y el director deportivo inspiran más confianza pero el espíritu es el mismo. No se percibe un club que haya aprendido de sus errores ni un posicionamiento distinto en este nuevo contexto del futbol español que obliga a adaptarse para sobrevivir. Ignoramos la identidad del club, sus ambiciones y sus objetivos. No sabemos hacia donde se dirige ni cual es su espejo. Se encargan de recordarnos, eso sí, que tiene deudas y que hay que pagarlas pero aparte de esto todo suena a improvisación más allá del loable propósito de intentar ganar el próximo partido.

Hace un tiempo expresaba en esta columna que la cantera brindaba al Tenerife una oportunidad única para reinventarse. En el paisaje actual de un fútbol asolado por la crisis, no hay plan más realista que el de reforzar la fábrica de filiales y promocionarla con el doble propósito de progresar deportiva y económicamente. No es una fórmula que garantice el éxito, pero desde luego parece mucho menos utópica que la de confiar en  mantenerse entre los grandes apoyándose en la liquidez para fichar y en el acierto del que elige. Quizás antes fuera posible, pero en este nuevo e injusto fútbol español en el que todos los huevos terminan en el mismo cesto, pocos modelos pueden ser tan sostenibles como el de la cantera.

Todo esto se mezcla cuando pienso en el asunto de Ayoze y su renovación. La historia cobra más trascendencia que la simple venta o no de un futbolista. Se trata de una oportunidad resplandeciente para dar un golpe de timón. El club no encontrará mejor manera de demostrar una apuesta decidida por la cantera que haciendo el mayor esfuerzo posible por retener al futbolista. En realidad invertir en Ayoze es invertir por fin en un modelo. Lo contrario, dejarle marchar precipitadamente antes de marcar una época en el Tenerife, sería un error histórico en lo deportivo y en lo económico y provocaría un efecto demoledor en la afición y la cantera. Un mensaje casi definitivo de renuncia a la ambición y otro parche en un club que viaja camino a ninguna parte. Veremos.