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Editorial | Juan Guerrero no puede seguir ni un minuto más en el CD Tenerife

Las últimos acontecimientos acaecidos en el Club Deportivo Tenerife han provocado un cisma social en el que aficionados, trabajadores de la institución y jugadores se están viendo tristemente perjudicados. Y todas las miradas se centran en una única persona: Juan Guerrero.

Desde su llegada al departamento de la dirección deportiva blanquiazul, Guerrero ha estado siempre en el centro de la polémica por sus publicaciones en sus redes personales. Si bien es cierto que cada uno es responsable de lo que comparte o gusta, el profesional del club no ha dejado de estar siempre sujeto a polémica. Pero la gota que ha colmado el vaso comenzó a finales de la pasada temporada llegando ya a un punto de no retorno. Tal es así que todas las miradas se han centrado siempre en él en la presunta creación de una cuenta falsa donde se ha filtrado información delicada y confidencial que mucho ha tenido que ver con los fichajes o relaciones profesionales de algunos compañeros de departamento. Palabras usadas por él en sus tuits como «Tebeístico» o motes como «Torrebruno», se vieron publicadas poco después en una cuenta fake que no ha parado de vejar, insultar y maltratar a compañeros de profesión como los periodistas Juanjo Ramos o Manoj Daswani y a Mauro Pérez (al que ha ninguneado con holgura y sin piedad). Todo ello acompañado por su amigo Aitor Ramírez con el que también ha establecido (como representante del club), una relación profesional solicitando fichajes.

El pasado fin de semana, Paulino Rivero, estalló. Solicitó una reunión urgente y publicó un comunicado donde anunció una auditoría digital interna y medidas judiciales si fueran necesarias. Además de comunicar a Guerrero la prohibición de invitar al palco del estadio (como ya venía haciendo continuadamente), a Ramírez. No solo quedó ahí la cosa. En una acción cuanto menos surrealista, Guerrero acudió a las cabinas de los periodistas para desligarse de cualquier relación sospechosa con todo lo que estaba ocurriendo. De ahí la pregunta que todo el mundo se hace: ¿si tiene claro que no tiene relación, para qué fue a comunicarlo con tanta urgencia? Excusatio non petita…

Hoy, un aficionado blanquiazul que ama a este club como el que más, ha publicado en X un mensaje privado suscrito por Guerrero donde llama «enfermo mental» a un periodista o afirma que otro compañero «cobraba del club antes de llegar nosotros». Además de asegurar que él y Garrido son los únicos que han puesto dinero en el Tenerife «en los últimos 20 años». Falso.

Todo lo sucedido ha terminado por perjudicar a la imagen de José Miguel Garrido (también vinculado a una cuenta falsa en tuiter que durante un tiempo también se dedicó a vejar a quien pilló por delante hasta que fue curiosamente eliminada hace unas horas), pero también la de Santiago Pozas, un profesional alejado de las redes sociales, que hace su trabajo pero que entiende que estos comportamientos restan más que suman. De hecho algunos sponsors incluida la marca Tenerife ya han mostrado su preocupación por todo este asunto y existe el temor que esto termine en un cisma de trascendencia económica para el Tenerife.

José Miguel Garrido y Santiago Pozas deben despedir a Juan Guerrero hoy mismo. Nadie puede representar al escudo blanquiazul de esta manera. Esta centenaria institución merece el mayor de los respetos. También su afición, harta de juegos infantiles. Con la misma firmeza que optaron para despedir a David De Diego, deben ahora cesar la relación laboral con un trabajador que tampoco ha aportado conocimientos ni experiencia en su cargo. Y que incluso desde dentro del vestuario dudan de que, realmente, aporte algo positivo ni a la convivencia ni al futuro deportivo de la plantilla.

Guerrero debe salir del Tenerife. E inmediatamente, el consejo debe solicitar una auditoría de los contratos profesionales en los que haya estado relacionado con terceros. Con el único fin de limpiar  y garantizar el honor de los participantes en esas relaciones.

Garrido no puede representar nuestro escudo. Desde hoy. Mañana es tarde.