Redacción Deporpress | El Teide, una bendición para Chris Froome. El principal atractivo y uno de los motivos de orgullo del archipiélago se ha convertido en uno de los destinos preferidos en los últimos años, no solo para turistas, sino también para deportistas de élite.
Las condiciones privilegiadas del pico más alto de España han provocado que la ‘fiebre’ por El Teide en la élite del deporte mundial haya pasado a ser un escenario de moda. Sobre ello, habló uno de los ciclistas más laureados de la historia del ciclismo: Chris Froome.
El ganador de cuatro Tours de Francia relata cómo ha sido de importante El Teide para su preparación como ciclista de élite para los grandes eventos del calendario. “Me di cuenta de que, si quería ser mejor que los rivales, tenía que olvidarme de entrenamientos largos con un café, apostando por mucho sufrimiento durante varios días, y eso lo conseguía en El Teide”.
Sobre ese rito que empezó, comenta que “me sentí como si estuviera en la Luna. Me preguntaba qué íbamos a hacer esas tres semanas. Era desolador porque solo había un hotel, pero rápidamente me percaté de que era perfecto, ya que podía dejar fuera el resto del mundo”.
Un destino propio de un ermitaño, sin distracciones, donde la bicicleta era su única obsesión. “Pasábamos casi todo el día encima de la bici. Cuando regresaba de noche al hotel, solo había paz y tranquilidad”. Una rutina que se basaba en los entrenamientos, además de “masajes, comida y dormir. Día tras día. Era doloroso, pero se trataba de eso. Uno no mejora paseando y tomando café con tostadas cada día. Hay que salir, aprender a sufrir y hacerse daño”.
Froome cree que ese sacrificio tuvo enormes réditos en las grandes citas. “Fue un gran beneficio. En esas concentraciones pude encontrar mi límite. Sufrir tanto me permitió afrontar los peores momentos en un Tour, un Giro o una Vuelta. Funcionó tan bien que luego nos copiaron”.