Redacción Deporpress | El cambio de modelo en la dirección deportiva del Tenerife. La llegada del nuevo consejo de administración trajo al club una nueva política deportiva. Del tándem Luis Miguel Ramis- Cordero, artífices de los anteriores proyectos, se pasó al mando en plaza de la mano derecha de José Miguel Garrido, Juan Guerrero, con una dirección deportiva en teoría más abierta y democrática. La salida de Juan Carlos Cordero repatrió a Mauro Pérez. El primero cumplió y se afanó como un blanquiazul más trabajando en el mercado de invierno a pesar de haber confirmado semanas antes su salida.
Ramis se quedó solo. La salida de Cordero, la llegada de la nueva propiedad y los cambios en la dirección deportiva terminaron por hacer decidir al preparador que más allá del final de la temporada, no seguiría en el club al que estuvo a punto de ascender, llevándose todo el cariño y respeto de la isla.
Sin Cordero, la entidad pasó de un hombre con plenos poderes y mando en plaza para confeccionar las plantillas a un sistema más abierto y, tal vez, anárquico. La primera tarea de Juan Guerrero fue reordenar la estructura deportiva. Con el apoyo de Santiago Pozas, convencieron a Mauro Pérez para volver a su isla y recomponer a un equipo tocado tras el no ascenso, la mala temporada 2022/23 y las salidas de los dos constructores principales.
Dentro del club, Ricardo León, Toño Hernández y Suso Santana eran voces autorizadas y más cercanas. Algo muy positivo para tratar de dotar al plantel de una mayor ‘canariedad’, uno de los objetivos de la dirección deportiva siempre y cuando se ajustaran a los parámetros óptimos.