Redacción Deporpress | 45 minutos enfrían la euforia en Tenerife. Todo iba rodado para los intereses blanquiazules. Gran ambiente en el estadio, mucho dinero recaudado para las consecuencias del incendio y con el equipo respondiendo sobre el verde. La primera mitad del representativo fue muy buena, con seguridad atrás y descaro arriba.
Todo pintaba a cuento de hadas, con Waldo, Luismi, Roberto, Corredera y Nacho divirtiéndose con el balón en los pies. Especialmente destacada fueron los minutos del extremo cedido por el Sevilla, que levantó los aplausos de la gente. Eso sí, el gol no terminó de llegar y el árbitro pitó el descanso sin que marcador y sensaciones se pusieran de acuerdo.
Tras la pausa, el Zaragoza salió mejor, aunque sin inquietar de manera importante la meta de Soriano. Todo eso cambió en el 69’, cuando Jair marcó un gol que fue un jarro de agua fría tanto para jugadores como para la afición.
La grada se quedó muda con un gol que, visto lo visto sobre el césped, parecía una alucinación. Viéndose abajo en el electrónico, Asier Garitano decidió meter a Ángel y hacerlo coincidir con Enric Gallego. Sin embargo, la apuesta apenas duró unos minutos, pues el tinerfeño salió revolucionado al terreno de juego. Demasiado, un comportamiento atípico por su veteranía
Ganándose una amarilla por protestar, el delantero propició un manotazo a Nieto poco después y vio la roja directa. Una acción innecesaria que empata su re-debut en el Heliodoro y que hizo que el partido se pusiese cuesta arriba.
Aun así, lo cierto es que el Tenerife no se rindió y encontró en Teto y Mo Dauda a los revulsivos. Al contrario que de costumbre, estos dos suplentes no aportaron fuego, sino la tranquilidad necesaria para volver a meterse en partido. El ghanés estuvo eléctrico por banda y el canterano gozó de dos ocasiones claras, yendo al palo una de ellas.
Para desgracia del representativo, sus disparos no entraron y el Zaragoza resistió para llevarse el triunfo de la isla. Con todo, los aficionados locales comenzaron eufóricos y salieron con una sensación agridulce, de ‘bajona’, de haber podido dar un golpe sobre la mesa. Después de dos victorias seguidas había expectación, y la llama no debería apagarse pese al resultado de este sábado. La próxima oportunidad, el Andorra el próximo domingo.