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Mauro Pérez ‘desnuda’ su tinerfeñismo

Redacción Deporpress | Mauro Pérez ‘desnuda’ su tinerfeñismo. El nuevo director deportivo blanquiazul es protagonista este domingo con una pequeña entrevista a los medios oficiales del club en el que recuerda sus mejores momentos como joven aficionado del Club Deportivo Tenerife y jugador con paso por el equipo filial.

En este repaso, Pérez desvela los valores que transmite el Tenerife y las personas del club que más le marcaron en su trayectoria personal y profesional.

Valores del club.- «El CD Tenerife debe de ser la expresión hacia todo el territorio nacional de lo que somos todos nosotros. Es decir, un pueblo honrado, noble, pero a la vez orgulloso de lo que somos. Esos tres valores son muy importantes, se puede ser humilde y honrado, pero muy orgulloso y proteger lo nuestro y defenderlo a muerto».

Primeros recuerdos.- «Mi primer recuerdo como blanquiazul es llegar desde muy pequeñito de la mano de mi padre al estadio, a la antigua tribuna de los arcos y ver jugar a aquel Tenerife de Segunda. No tengo el recuerdo de cuando mi padre jugaba porque yo era muy pequeño. Tengo uno más emocional, ir a la zona de gol, general de pie, en el ascenso del 89. Me acuerdo del gol de El Garef al Betis que toca en el riego que estaba en el área pequeña de la puerta de gol y ahí celebramos el gol con una locura increíble. Tenía 16 años, íbamos con la bandera colgada como una capa y es uno de los recuerdos más bonitos”

Ídolos en clave blanquiazul.- “Lo fácil es decir que mi ídolo fue mi padre, pero no lo vi jugar en el Tenerife porque era muy pequeño. Como soy muy de nuestra gente, me gustaba mucho David Amaral, Toño, Quique Medina…esta gente nuestra que jugó y que ascendió a Primera División. Por otro lado si vamos  al jugador de mayor relevancia en la historia del Tenerife es Fernando Carlos Redondo, pero sin olvidarnos por supuesto de Rommel Fernández».

Su etapa como jugador del filial.- “Mi paso por el Tenerife B lo recuerdo bien, con mucho cariño a tres personas que ya no están. Yeyo Santos en el juvenil; en el filial tuve a Ñito, y a Justo Gilberto. Eran grandes personas, grandes maestros y gente a la que le tenía un aprecio increíble, que me enseñaron y me corrigieron muchas cosas que no hacía del todo bien”.