Por @juanjo_ramos
No busquen en las siguientes líneas mi opinión sobre la construcción de un nuevo estadio. Porque no la tengo formada. Me faltan datos, una explicación sobre el objetivo, la financiación y los tiempos del proyecto. Solo entonces podrá uno hacerse una composición de lugar sobre la conveniencia del mismo. Valorarlo ahora equivale a hacerlo sobre el “crecimiento de las mariposas en Camerún”, que diría Juanma Lillo. Tendría derecho, pero mi opinión no sería muy respetable. En defensa del Heliodoro.
Me asomo a este espacio, que tengo algo abandonado por falta de tiempo, para reivindicar el Heliodoro Rodríguez López. Porque, incluso aceptando como real la teoría del nuevo estadio, este no vería la luz hasta dentro de ¿una década? ¿Y mientras? ¿Hay que seguir poniendo parches en el Heliodoro a ritmo de tortuga?
El Cabildo, como propietario de la principal instalación deportiva de la isla, está obligado a soportar su mantenimiento y a garantizar el buen uso de la misma. No solo por parte del club (o clubes), sino de los usuarios que ocupan las gradas cada quince días. Y no es de recibo la imagen que presenta en la actualidad.
La dejadez institucional, acumulada durante lustros, ha hecho necesario acelerar el paso en los últimos años. Y eso hay que valorárselo al actual equipo de gobierno. Pero queda mucho por hacer y mucha velocidad por tomar. El Heliodoro necesita baños de este siglo, tuberías que no se rompan e inunden las oficinas, vestuarios dignos del fútbol profesional, accesos al césped distintos a la ratonera actual, una zona de prensa adaptada a los nuevos tiempos, asientos más modernos y cómodos, locales habilitados para acoger la tienda, un pequeño museo y y una fachada que no dé vergüencita.
Para hacer esto posible hace falta dinero, sí. Pero las arcas insulares tienen esa capacidad. Y no parece un capricho que tu principal instalación deportiva sea motivo de orgullo y no algo que te haga agachar la cabeza. Es más, debería ser un objetivo central antes del Centenario del Heliodoro (2025).
Ni siquiera entro a plantearme si es viable recuperar el proyecto Tinerfia, que pergeñaron Javier Pérez y los suyos. O si es posible ampliar el aforo del mismo recinto. Pero sí invito a Miguel Concepción y los suyos a exigir estas reformas al dueño del estadio. Y en caso de negativa, a plantearse la recompra del recinto antes de la construcción de uno nuevo. Puede que la idea de una casa nueva resulte atractiva, pero no sabemos si la sentiremos como un verdadero hogar. El Heliodoro lo es. ¿Por qué no dignificarlo mientras dure?