Por @juanjo_ramos
Vengo observando desde hace un par de años, pero con especial incidencia desde el verano pasado, una dificultad creciente para que la audiencia distinga la información de lo que no termina de serlo en época de mercado de fichajes. Ocurre que las redes sociales han embarrado el campo hasta el punto de que se ha convertido en algo imposible llegar a un nombre y ofrecer datos sin que alguien lo haya mencionado aunque sea por casualidad.
Y digo por casualidad porque, poniendo de ejemplo el delantero que tanto desea el CD Tenerife, era evidente (para los que siguen la Primera y Segunda con cierto interés) que nombres como los de Sabin Merino, Dani Gómez, Sylla, Qasmi o Andrés Martín iban a sonar para varios equipos de la categoría de plata. Como proliferan cuentas dedicadas al mercado, y no a todas les importa fallar u ofrecer un rumor sin contrastar, los profesionales nos encontramos con el obstáculo de hacernos entender.
Porque nosotros sí tenemos la obligación de acertar. Si a esto unimos el interés de los representantes por colocar a sus discípulos en el escaparate, tenemos el cóctel perfecto para cometer un error si no se extrema la prudencia. Hay quien tiene la teoría, en el caso blanquiazul, de que Juan Carlos Cordero es más discreto que sus antecesores en el cargo. Y no es mentira que se mueve con sigilo. Pero para los no iniciados les diré que la fuente de un fichaje no suele ser directa.
Un día contaré cómo me enteré de un fichaje en la cola de la caja de un supermercado, por el alquiler de una casa en la Isla, por un amigo tinerfeño del que viene que te pide que lo trates bien pensando que ya lo sabías o en una noche de marcha porque a un entrenador (hace años) se le van la lengua y los ojos cuándo y dónde no debía. La procedencia de una información suele ser así de variopinta.
Vamos, que Cordero no es distinto a los demás. Elude descubrir sus cartas, pero son tantos los actores alrededor de una negociación que te acabas enterando. Con él a los mandos llegué a la noticia de Elady, Apeh, Ramón Folch, Serantes o Bruno Wilson, por poner algunos ejemplos.
A falta de diez días para el cierre del mercado de invierno, uno duda ya si podrá descubrir algo que ustedes no sepan o que haya puesto sobre la mesa alguien ya, aunque sea por casualidad. Pero el trabajo se hace. Incluso con una niña de dos meses y poco en casa. Y se hace como siempre y bajo las mismas premisas: jamás atribuirse una noticia de otro y esperar, aun a riesgo de perder la primicia, si hay margen de error. El crédito por delante de las prisas.