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Las dudas de la bonanza

Por @juanjo_ramos

El Tenerife jugó su peor partido en Cartagena. Le faltó intensidad para ajustar la presión, tensión competitiva para dar soluciones en la salida y ambición para lanzar un mensaje nítido a su rival: “aquí llega el tercer clasificado”. Reconoce la pobre versión ofrecida hasta su entrenador, Luis Miguel Ramis, y hablan de un mal día jugadores como Mollejo o José León.

De acuerdo en el análisis, habría que responder a dos preguntas: por qué ha pasado y si va ligado a la trayectoria reciente o es un episodio aislado. Vamos a ello.

Lo primero es descartar que el problema sea el modelo. Solo desde el prejuicio (en el mejor de los casos) se puede concluir que el problema es la forma de jugar que te ha traído hasta los 34 puntos, mejorando las cifras del Tenerife de Oltra e igualando las del año de Benítez. No, el problema no es la fórmula de juego. Es su ejecución.

Otra mentira repetida mil veces es que el equipo jugaba más alegre en el inicio de la competición y ha cambiado. Obviamos aquí (sucede con demasiada frecuencia) que se juega contra un rival, que durante el Campeonato se van perfeccionando las formas para neutralizar al contrario y que las lesiones han tenido incidencia en el juego.

A todo ello ha ido sobreponiéndose el Tenerife, sacando puntos de auténticos campos de minas como Ibiza o Cartagena, logrando un impoluto 12 de 12 en los últimos cuatro encuentros del Heliodoro y perdiendo, con un penalti inventado, solo en Málaga. Pese a todo esto, hay una corriente que ve al equipo yendo a menos.

¿En qué se basan? Ni en los puntos ni en la clasificación, claro. Únicas varas de medir realmente objetivas. Hablan de las sensaciones, del juego. Como si en su idealizado tramo inicial de temporada no nos barriera el Valladolid hasta el 0-1, hiciéramos una segunda parte muy parecida a lo de Ibiza en Fuenlabrada o remontáramos a golpe de efectividad en Huesca.

Aquí se responde la segunda parte. No, no habrá consecuencias. Porque el Tenerife recuperará a gente importante como Carlos Ruiz, Bermejo o Shashoua. Mientras, sobrevive. Como hizo al principio sin Aitor Sanz o Enric Gallego. Porque el verdadero valor de este proyecto es el colectivo, unido y con las ideas claras.

Ahí dentro tienen claro que este es el tope salarial de un conjunto de media tabla. Pero se rebelan contra esa realidad. Y se agarran con fuerza a esta posibilidad que se ha presentado. Hagamos lo mismo. Dejemos el fanatismo del estilo y el fatalismo más propio de las temporadas anteriores. Una vez más: disfrutemos del camino.