Por @juanjo_ramos
El derbi fue amarillo por una bota mal puesta en el minuto 92. Pasó el balón por delante de varios futbolistas, despistó la acción a Juan Soriano y acabó entrando para delirio local. Pasemos de los hechos a las conclusiones.
Es la segunda derrota consecutiva en Gran Canaria. Necesita el CD Tenerife un paso adelante en los clásicos. Ha perdido cuatro de los últimos siete en la otra orilla y no gana allí desde 2009. Vale que los clásicos del fútbol canario suelen ser muy locales (la UD no gana en el Heliodoro desde 2001), pero no hay que conformarse.
Partidos de esta exigencia demuestran que el camino es uno solo para los blanquiazules, que van justos de potencial individual. El bloque es su secreto. Ramis no dispone de un Jesé o un Jonathan Viera para marcar diferencias. Entre las carencias, aflora la de la delantera. Se quedó Cordero sin rematar esa parcela con un último fichaje y la lesión de Enric Gallego, que aún no ha marcado, obliga al técnico a buscar parches.
De su gestión del derbi, poco que decir. Quizás le sobraron los cambios del 88. Y puede que deba replantearse lo de Álex Corredera en un costado. Su indudable peso en el juego del equipo se resiente ahí. Pero en general hizo lo que debía, arreglando al descanso los desajustes del primer tiempo.
Sacrificó entonces a Shashoua, generando estupefacción, y dio pistas luego sobre su “semana difícil”. Al inglés se le fue la mano el lunes. Más bien, empinó el codo más de la cuenta y tomó una mala decisión. Ya se ha disculpado y asumirá las consecuencias. No nos revolquemos en esas aguas.
Queda averiguar el daño que deja el derbi. Puede que sea solo el sentimental, el del pique sano, si se le gana al Eibar este martes. Pero no es buen cliente el equipo armero, que lleva ocho jornadas sin perder. Conociendo la isla, cualquier otro resultado puede alimentar las críticas viendo al Tenerife fuera el playoff.
Hay gente con la guadaña preparada desde la jornada 1. Pero no olvidemos, ni dentro ni fuera, que 17 puntos en 10 jornadas es un inicio más que decente que hubiéramos firmado la mayoría a mediados de agosto. No tiremos por la borda lo conseguido. Hay que lamerse la herida y aplazar el orgullo hasta el 2 de enero. Partido a partido. O lo que es lo mismo: Eibar, Eibar y Eibar.