Redacción Deporpress | Contra viento y marea, el Tenerife superó un partido trampa en el Heliodoro Rodríguez López. Lo hizo fiel a su ADN, no exento de sufrimiento, pero en un derroche de sacrificio para sumarse tres nuevos puntos y llegar con la moral en alza dentro de la antesala del derbi canario.
No fue empresa fácil. Y eso que el representativo rompió el candado de los vascos en un ejemplo de transición ofensiva que remató en un acto de fe de Elady Zorrilla. Pese a su baja estatura, volvió a ver portería de cabeza, en un movimiento donde muchos futbolistas se habrían rendido de antemano.
Cono lo más difícil hecho, llegó el error de bulto de un Mellot que cayó en el error humano, en un impulso de ira donde dejó a sus compañeros en inferioridad numérica durante el final de la primera parte y de la segunda. Las 12.000 almas, cuyos fondos recaudados en taquilla irán a La Palma, hicieron conjura para unirse y formar conjura contra la actuación de un trencilla que se estrenaba en la isla: García Verdura.
A base de trabajo de equipo, el Tenerife se puso el mono de trabajo para achicar agua. El Amorebieta tenía su guion claro de juego directo, a la vieja usanza, buscando centros laterales para el remate. Previsible, pero difícil de defender, e incluso con 0-0 avisaron en la estrategia con un gol bien anulado.
Con todo, llegó el penalti por juego peligroso y una tranquilidad efímera después del 2-1 casi inmediato. Pero esta vez, no hubo castigo en la recta final. Ni hubo que maldecir por la pérdida de dos puntos en el último suspiro, ni hubo que repetir la manida frase ‘siempre lo mismo’. Nada de eso.
Porque ahora sí, puede hablarse de derbi. Del partido estrella del archipiélago canario. De dos representativos que llegan en alza, en su mejor momento común desde noviembre de 2013, cuando ambos se citaron en el Estadio de Gran Canaria en puestos de playoff de ascenso, con final triste tras el aciago gol de Vicente Gómez en la recta final (1-0).
El mejor visitante de la categoría contra uno de los mejores locales e invicto en su feudo. Cuatro contra sexto, con dinámicas positivas y solo tres puntos de diferencia. 90 minutos para volver a disfrutarlos, con una pandemia en receso y el retorno de las aficiones a las gradas. Cinco días para los aperitivos y entremeses, y un sábado de fiesta para disfrutar de un suculento menú.