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Así vimos a los blanquiazules

Redacción Deporpress | El Tenerife arrancó con una sonrisa y terminó con un gesto incrédulo. Los blanquiazules cayeron sin merecimiento, en una actuación individual y colectiva de nota alta, pero donde los valores intrínsecos del fútbol empañaron el resultado final.

Juan Soriano: No tuvo mucho trabajo hasta la recta final. Sacó una buena para de reflejos en la primera parte y, en la segunda, no se vence a un remate franco de Brugui. En los dos goles, quedó prácticamente vencido (2).

Mellot: Se vio perjudicado por la temprana amarilla tras derribo a Hassan. Resistió bien en el primer acto, pero Ramis prefirió no complicarse y lo sacó por Moore en el descanso para minimizar riesgos (2).

Sipcic: La recta final empañó un partido que estaba siendo impoluto. No logra despejar un balón que le pasa por delante y termina en empate. En el contragolpe del segundo, poco pudo hacer en inferioridad numérica en repliegue (2).

Carlos Ruiz: Estuvo imperial. El veterano central blanquiazul está doctorado en la causa: bien al corte, siempre eficiente y bien colocado. Por arriba, un dolor de muelas: Lizoain le quitó un remate limpio que iba dentro y el larguero otro (3).

Álex Muñoz: Su reubicación como lateral izquierdo es una de las mejores noticias que han podido pasarle a un CD Tenerife con déficit histórico en dicha demarcación. Defiende bien, pero arriba es un puñal. Inteligente en sus incorporaciones, rompe a la defensa con un desmarque de ruptura para forzar el penalti. En el arranque del segundo tiempo, tuvo la sentencia, pero se precipitó a la hora de la definición (3).

Míchel Herrero: Ha cogido el testigo de Aitor Sanz, sin presión. Calidad, galones y veteranía en la sala de máquinas. Transforma el penalti con sangre fría, engañando a Lizoain. A balón parado, es veneno para la zaga rival: puso varios morteros teledirigidos al área que no encontraron premio (2).

Corredera: Juega fácil, hacia adelante y no tiene problemas para dirigir la sala de máquinas, pero a veces se complica en exceso a la hora de buscar destinatario. Tuvo alguna pérdida que pudo costar cara al contragolpe. En el desgaste defensivo, sin reproches (2).

Mollejo: Llegó el último, pero no es un alumno atrasado. Se ha integrado bien en el encaje de Ramis. Siempre de fuera hacia dentro, su ofrecimiento y calidad le permite desahogar el juego ofensivo del Tenerife. Además, siempre trabaja para el equipo (2).

Shashoua: Mucho más protagonista este año en un Tenerife donde se ve rodeado de mayor calidad. Le faltó la definición: un disparo al larguero y un balón pegado abajo que sacó Lizoain tras un control previo espectacular (2).

Elady: Generó mucho peligro cuando tocó balón, siendo de los mejores en la primera parte. Tiró un sprint en jugada individual donde forzó una amarilla, dividió bien por dentro y dio la asistencia a Álex Muñoz que provocó el penalti. En la segunda mitad, se equivocó en alguna toma de decisiones con jugadas ofensivas en superioridad numérica (2).

Enric Gallego: Una demostración perfecta de que la profesión de delantero no es solo marcar goles. Aporta desahogo y alternativas en el juego aéreo, pero también mucho trabajo. Básico en el esquema colectivo de Ramis, no se le caen los anillos cuando toca ponerse el mono de trabajo y defender. Tuvo su gol en un remate acrobático que se le fue arriba (2).

Moore: No fue su mejor partido. El norteamericano entró porque Mellot peligraba con la amarilla. Se sumó al ataque, pero no encontró grandes superioridades para poner buenos centros, aunque se asoció bien. Y en la jugada del gol, pierde el duelo con Moreno, quien le gana la posición para rematar a placer (1).

Rubén Díez: No tuvo tanta incidencia como en Pucela. Con un Mirandés mucho más replegado, encontró menos espacios para asociarse (1).

Pomares: No ofreció soluciones. Entró en un escenario que era diferente al planteado por Ramis. Con doble lateral, entorpeció la circulación ofensiva blanquiazul (1).

Larrea: Entró y terminó con amarilla. No se consiguió el equilibrio deseado con la superioridad en el marcador. En un partido que entró en un ida y vuelta, salió perjudicado (1).

Ethyan: No tuvo tiempo para mostrarse, entrando prácticamente sobre el tiempo cumplido (-).