Redacción Deporpress | “No somos candidatos a nada”, rezaba con acierto y cautela Luis Miguel Ramis en la rueda de prensa pospartido en Valladolid. Una frase corta no exenta de razón. Porque estamos en la quinta jornada. Y es que la Segunda División no es una categoría que invite al exceso de confianza, a creerse superior o a vender la piel del oso antes de cazarlo. Pero no podemos obviar que se respira una sensación diferente.
Diferente y positivo por muchas razones. Porque el Tenerife acumula 383 minutos sin encajar gol. Porque en cinco partidos, los blanquiazules no se han visto superados por su rival salvo en una parte ante Oviedo y Sporting. Porque ha dado un golpe sobre la mesa a un candidato absoluto al ascenso. Porque no ganaba en el José Zorrilla desde hace 24 años. Porque encadena siete puntos de nueve puntos en juego lejos del Heliodoro, en uno de los talones de Aquiles histórico del representativo. Porque el equipo va a más, donde la solidez defensiva se va acompañando con grandes ratos de lucidez en su juego, dando continuidad al duelo contra la SD Ponferradina. Porque se reafirma en un arranque de Liga de notable alto, aún invicto –incluso en pretemporada-, con once puntos créditos menos para el primer objetivo base: la permanencia.
Pero no son las únicas razones. Este Tenerife ofrece argumentos convincentes sobre el terreno de juego. No ha ganado puntos fruto de la casualidad, sino a base de meritocracia. El fondo de banquillo es mucho más amplio; los nuevos han venido a aportar desde el primer minuto, ganándose un hueco en el once titular u ofreciendo razones desde el banquillo: Míchel, Corredera, Soriano, Mellot, Gallego, Mollejo, Rubén Díez o Elady Zorrilla. En una temporada tan larga, habrá momentos difíciles porque la categoría de plata promete luces y sombras, pero las sensaciones en cada examen invitan a un Centenario más cargado de optimismo que pesimismo. Ramis ha firmado un equipo de autor, con una base buena del pasado curso que ha engrasado y mecanizado en automatismos para que todos remen en la misma dirección. Una calidad futbolística que, por fortuna, parece que va acompañada de calidad humana en el vestuario.