Redacción Deporpress | Último artífice de un ascenso al CD Tenerife a Primera, habitual en los banquillos de Segunda División… y un enamorado de la isla. José Luis Oltra fue protagonista en una entrevista concedida a Diario de Avisos, donde destapó su lado más personal y humano.
Ahora en las filas del Fuenlabrada, ha conseguido sacar adelante un proyecto deportivo que había tocado con Sandoval, a través de buenos resultados. “Me dan la oportunidad de reivindicarme y entrar, que es lo que más me gusta. […] Me han elegido en un lugar que me viene como anillo al dedo porque es tranquilo, no tiene tanta presión como los últimos clubes y tiene opciones de hacer cosas. El día a día es bueno y se trabaja a gusto. Los resultados han acompañado, lo que hace que te metas otra vez en la rueda”, expresa sobre sus primeros meses en la entidad madrileña.
El ex del CD Tenerife habló igualmente sobre aquellos momentos duros, donde el teléfono no sonaba. “Cuando encadenas dos o tres experiencias que no son positivas, de esas que te han marcado, piensas que no te llamarán y miras el teléfono. Yo comento partidos de fútbol porque me mantiene ocupado, para que vean que estoy ahí y que tengo experiencia para coger a un equipo que me quiera”.
Por otro lado, se pronuncia sobre los intereses que rodean al mundo del fútbol. “Te das cuenta de quiénes son tus amigos, quiénes te llaman y te escriben, aunque sea de vez en cuando. Algunos no te llaman y sabes que son tus amigos, pero hablo también del mundo del fútbol, de agente que no dejan de llamarte cuando estás activo y luego no lo hace ni una sola vez, o de directores deportivos o compañeros de profesión con lo que pasa lo mismo: no te llaman para nada. Siempre digo que el fracaso es la gasolina del éxito, pero, como decía antes, la incertidumbre cuando no entrenas es grande”.
En relación a eso, cree que la competencia genera una especie de círculo salvaje de un sálvese quien pueda. “Cuando algo mueve mucho dinero, como el fútbol, busca su interés. Hay gente a la que no le importa pisar al de al lado si logra lo que quiere, y yo nunca me he movido así. Ahora hay más intereses y gente buena y mala, como en todos lados”.
Cuestionado sobre si su forma de ser es una actitud autoimpuesta o natural, responde de forma contundente. “No me conocen. Si me piden una foto, me la hago. Si me paran para hablar, hablo. Tengo mis rarezas y gente con la que no me llevo bien, además de haberme llevado decepciones personales que me han marcado mucho, porque creo que siempre tengo buena intención. ¿Dicen que soy un bienqueda? […] Los que dicen eso, seguramente, no me conocen y solo valoran lo que ven públicamente. Yo no haría eso de poner una etiqueta a alguien, que es muy propio de este país, solo por lo que dice públicamente, donde vas condicionado por el contexto”.
Sobre la toxicidad de las redes sociales, agrega que “desde el anonimato te matan y crucifica. Muchas veces piensas: ‘si supieran todo lo que hacemos y no se ve…’ […] Admito que digan si soy buen o mal entrenador, pero buena o mala persona no, aunque tenga que aceptarlo, porque no me conocen”.
Haciendo un paréntesis en Tenerife, expresa que su vivencia de los medios de comunicación y la presión existente, desde su figura como técnico, es que “son muchos medios, más que en otros lugares, donde todo gira en torno al club. No creo que sean más agresivos, pero sí hay como dos bloques. En otros sitios, no se aprecia de forma tan acusada”.
Sobre sus recuerdos de la isla, reitera que su sentimiento es real. “El que me conoce sabe que digo las cosas porque las siento. Si no, me las callaría. Me han marcado todos los sitios, pero Tenerife el que más. No conocía la isla y me sedujo desde el primer momento, integrándome por completo. Mantengo amigos con los que tengo contacto cada semana, me gusta su gente, la forma de ser y hablar… He estado cuatro años allí, y eso marca. Soy muy valenciano y cuando no estreno estoy allí por la familia, pero si hay un sitio que me haría cambiar, es Tenerife. Lo digo de corazón. Hay gente que se ha burlado porque he utilizado palabras canarias, pero qué voy a hacer…”, sentencia.