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Redacción Deporpress| «El que meta un gol, gana esto». Desconozco si esa fue la frase que pronunciaron los labios de Aitor Sanz durante la conversación que mantuvo con Fran Sol en la fotografía que acompaña esta contracrónica. Pero, si esas no fueron sus palabras exactas, debieron ser parecidas.

Ese era el guión escrito para resolver la incógnita que planeaba sobre un partido táctico. Quizá hasta demasiado a ojos del espectador que disfruta con un fútbol más eléctrico y desbocado que el que plantearon Tenerife y Sporting, especialmente en la primera mitad, sobre el césped del Heliodoro este viernes.

Blanquiazules y morados (que fue la indumentaria elegida por los asturianos para no coincidir con los colores de los locales) prefirieron protegerse antes que lanzarse a buscar el golpe que diese en la lona con el otro.

Hasta que el Tenerife logró dar un paso adelante tras el descanso, la cita fue gobernada por el Sporting porque David Gallego puso en escena un dibujo algo más afilado. Ramis, en cambio, optó por jugar a lo que ya sabe que funciona. Alejar los problemas del área de Dani Hernández para ir creciendo en el partido de manera directamente proporcional al ritmo con el que minimiza a su adversario.

Tras un primer tiempo en el que costó hilvanar cosas, salvo cuando Aitor Sanz era capaz de alumbrar algún pase vertical con cierto sentido, los isleños fueron creyendo en sí mismos. La paciencia, ese ejercicio que ya ha acabado con casi todos los rivales que han desfilado por la isla en lo que va de 2021, va anudada a la capacidad de los blanquiazules para conservar su portería a cero.

Si eso sucede hay siempre motivos para la esperanza. Porque el Tenerife, aunque solo sea a cuentagotas, tiene futbolistas que han nacido para posibilitar que sucedan cosas buenas. Ahí está Shashoua y su capacidad para desequilibrar cuando encuentra campo abierto para ser vertical. También el canterano Javi Alonso, que hace kilómetros y kilómetros para llegar a todos sitios e incluso ya se atreve a mostrarse en el área del rival, como en la jugada en la que dejó con el molde al jugador del Sporting en un palmo de césped para asistir a Bermejo antes del primer gol.

Y luego, por supuesto, están ellos. Aitor Sanz, inteligente para mantener a su equipo ileso agarrando al ‘pichichi’ Djurdjevic antes de que encare a Dani Hernández. Y Fran Sol, que trabaja muchísimo y parece que no está. Hasta que tiene una. En esos momentos, como sucedió ante el Sporting, es diferencial. Hoy abrasó a sus críticos de las últimas semanas y selló bocas que ya lo acusaban de estar lento y aportar poco.

Por eso, en esta bendita isla en la que nos quejamos por casi todo. En la que no nos gusta casi nada (ni casi nadie), cuesta vislumbrar al Tenerife del futuro sin Aitor Sanz y Fran Sol. ¿Se imaginan lo que hubiese sido de nosotros esta temporada sin ellos?