Noelia Alberto | Joshua Arencibia se enamoró de las artes marciales hace casi 30 años. Cinturón negro de Judo y Jui-Jitsu japonés, su pasión va mucho más allá de la práctica deportiva. El conocimiento, a cultura, la filosofía y la historia de estas prácticas son su seña de identidad y lo que quiere transmitir a todo aquel que, como él, comparte este sentimiento.
La vida laboral de Joshua estaba íntegramente dedicada a enseñar judo y jui-jitsu japonés. Compaginaba su trabajo en distintos centros e institutos como monitor deportivo de actividades extraescolares con su vinculación al Gimnasio Viana de La Laguna, fundado en 1979 y dedicado desde entonces, a las artes marciales. Ahora, tras la pandemia de la COVID-19, su vida ha dado un giro de 180 grados. ERTES, despidos improcedentes y precariedad laboral son algunas de las palabras que han marcado la vida de Joshua en los últimos meses. Su único anhelo, no desvincularse de aquello que le hace vibrar y buscar nuevas formas de seguir entusiasmando a sus alumnos con las artes marciales.
Antes de que la COVID-19 llegara para pararlo todo, Joshua se había animado a sacar a algunos de alumnos a competir. «Yo no le tenía tanto cariño a la competición así que no me lo planteaba tanto», relata. Así, y con la premisa de que los artistas que salieran a competir tendrían que estar psicológicamente bien preparados, Joshua participó en dos Open Nacionales a finales de 2019, uno de Judo y otro de Jiu-Jitsu japonés. «Salió muy bien no tanto a nivel de medallas, sino a nivel de equipo», cuenta. Asimismo, en Campeonato de Canarias sus alumnos habían quedado en muy buenas posiciones llegando, incluso, a enfrentarse en una categoría sus dos alumnos y terminar en primer y segundo puesto. «Tenía a tres o cuatro personas clasificadas para el Campeonato de España, estábamos en trámites burocráticos y llegó la cuarentena». Y así, fue. El 14 de marzo de 2020 se paralizó España tras declararse el Estado de Alarma y toda nuestra vida y actividad quedó reducida al interior de nuestros hogares.
En este momento, llevado por el vínculo afectivo hacía sus alumnos y sintiendo el pesar de alejarse de los tatamis tanto tiempo por primera vez en toda su vida, Joshua decide animarse a subir vídeos a su canal de YouTube. El objetivo: que sus alumnos reforzaran las clases que no podían impartirse presencialmente a causa de la pandemia. Sin embargo, y para sorpresa de nuestro protagonista, la acogida de sus vídeos fue mucho más allá que la de sus alumnos. Con 331 suscriptores y 119 vídeos subidos, el canal de Joshua Arencibia acumula 25.275 visualizaciones. El canal, que antes de la pandemia alojaba unos vídeos de las competiciones a las que asistió con su equipo, empezó a nutrirse con la creación de diferentes secciones que trataban de cubrir todo un abanico de aspectos que pueden interesar a un artista marcial.
El 24 de marzo de 2020, con solo 10 días de confinamiento, Joshua comenzó a subir una serie vídeos a modo de curso de iniciación al Jiu-Jitsu japonés. Así, sus alumnos contaban con ellos a modo de repaso de las clases ya impartidas, y muchas otras personas que se interesaran por primera vez por esta disciplina, podrían conocerla más en profundidad. Durante el mes de abril, inicia una sección dedicada a analizar las luchas entre artistas de élite de jiu-jitsu japonés, judo y MMA, entre otras con la finalidad de aprender de los mejores y poder mejorar en base a lo que hacen los más grandes. En junio, se inicia con los videotutoriales para que sus alumnos y seguidores entrenen con él a través de la pantalla y en julio introduce el podcast convertida, probablemente, en la sección de más éxito. De esta forma, buscaba un intercambio de conocimientos con todos aquellos artistas marciales y maestros que tenían algo que aportar.
Sin embargo, más allá del éxito que ha tenido su canal de YouTube, transformado en un espacio de reunión, debate y concertación de conocimientos, Joshua asegura haber vivido «un año de decepciones y de varapalos tremendos en todos los sentidos». Se ha sentido olvidado e invisible y afirma no comprender que, a pesar de llevar más de un año conviviendo con el virus, no exista una legislación que pueda aplicarse al deporte de contacto. «Ahora puedo decir que hemos sentido el abandono absoluto de Ayuntamientos, Cabildo y Federaciones como deportista y como colegiado», expresa Joshua, mientras comenta que, tras perder lo que habían pagado por el curso pasado, este año no han percibido ni una rebaja en las cuotas federativas. Asimismo, y aunque defiende las restricciones que se han impuesto a los gimnasios, difiere en que las medidas restrictivas sean iguales para todos. “Hay gimnasios de muchos tipos. Yo no tengo la misma realidad que una academia de baile ni de un gimnasio de pesas y fuerza”, argumenta. Así, aboga por legislar hacia lo específico, aunque exista una base común para todos.
“Me he tenido que salvar”, relata Joshua con cierto resquemor y es que, esto se relaciona directamente con el especial hincapié que hace en hablar del presente. Ahora, no puede dedicar su vida laboral y profesional a las artes marciales. Ahora, no puede ser monitor en escuelas e institutos. Ahora, no puede mantener su gran grupo de alumnos adultos en los gimnasios. Ahora, distanciado de los tatamis, tiene otra realidad. Los largos meses de ERTE terminaron en despidos y precariedad laboral algo que asegura “ha sucedido a muchos de mis compañeros”. Joshua también se moja hablando de la salud mental y reconoce sin tapujos lo duro que ha sido, psicológicamente, alejarse de algo que lleva practicando 30 años porque “aunque sé que nada puede suplir el trabajo de un terapeuta profesional, a mi las artes marciales me evaden, y no tener ese desahogo al que acostumbraba ha sido muy frustrante”.
«Luchar es un lenguaje en sí, un lenguaje común»
La pandemia nos ha cambiado a todos y Joshua Arencibia es una víctima más del virus. Su particular historia tiene un trozito de realidad compartida con la que todos nosotros podemos sentirnos identificados. Sin embargo, y aunque la COVID-19 nos haya quitado vida, actividades, metas y oportunidades, la personalidad de Joshua siempre va a estar ligada a las artes marciales. Por ello, desde Deporpress, hemos querido charlar con él sobre estas y actuar como altavoz de los conocimientos y pensamientos que ha adquirido desde la formación, el estudio y el análisis de estas prácticas.
Noelia Alberto: ¿Hay cultura de artes marciales en Canarias?
Joshua Arencibia: «En Canarias sí, la verdad. Desde las autóctonas como el juego del palo o la lucha canaria a las artes marciales japonesas, coreanas y chinas. Todo el mundo tiene un familiar o amigo que ha entrenado o entrena artes marciales. Lo que sí es cierto es que, como son tantos deportes y tantas disciplinas es muy difícil conocerlas todas y diferenciarlas».
NA: ¿Cuáles son entonces las que considera más conocidas o las que más personas atraen?
JA: «Yo creo que todo va en función de la época en la que estemos. En Tenerife la más famosa sin duda es el Kárate de hecho, por ratio de habitantes tenemos el grado de cinturones negros más grande de España. Bajo mi punto de vista, las tres principales serían el Kárate, el Judo y el Taekwondo y ya las más conocidas va por épocas. En España en la década de los ochenta triunfó el Judo, en los noventa el Kárate y ahora mismo quizás está muy presente el Taekwondo».
NA: ¿Por qué las artes marciales? ¿Qué es lo que las diferencia de otros deportes?
JA: «Pues que se acaban convirtiendo en un estilo de vida que va más allá de la práctica deportiva. Es parte de tu personalidad ser el karateca del grupo, por ejemplo».
NA: ¿Y valores?
JA: «La gente siempre menciona la disciplina o la defensa personal además de la constancia, el sacrificio o el esfuerzo. Yo creo que eso son valores que comparten todos los deportes. Yo una cosa que defiendo muchísimo es la capacidad que tienen las artes marciales de juntos a personas de distintas edades, generaciones y rangos sociales. Esto fue lo que me atrajo desde muy pequeño y lo que me sigue encantando ahora. Me parece impresionante cómo se cambian los contextos y un chico de 20 años le puede enseñar a un hombre de 40 a hacer algo porque lo hace mucho mejor. Eso, es un gesto de mucha humildad por parte del mayor porque de normal está por encima en economía y experiencia. Para el de 20, el intercambio también será muy beneficioso porque ese señor le preguntará por estudios y le contará sus experiencias sin ser una figura de autoridad a la que, normalmente, los jóvenes no prestan tanta atención. Me quedo con eso y con los valores de responsabilidad, respeto y colaboración porque al final, vas a dejar tu seguridad personal en manos de otra persona. Parece complicado de ver porque estamos hablando de deportes de contacto en los que la intención es defenderse pero si yo, por ejemplo, soy mejor que tú, yo también tengo que cuidarte, saber hasta dónde llego, no hacerte daño y protegerte».
NA: ¿Qué opina del popular estigma de que estos deportes promueven la violencia entre los más pequeños?
JA: «Yo también me lo he encontrado de frente. He participado en jornadas en las que das a conocer tu actividad y padres y madres han volteado con cara de asco o miedo. Yo creo que la sociedad cada vez avanza más y en un mundo tan globalizado y que tenemos acceso a tantas cosas esto no debería suceder. A lo mejor es simplemente miedo a lo desconocido. Yo no puedo convencer de nada a una persona que tenga esa idea pero sí puedo explicarme en base a un ejercicio de lógica simple. Si este estigma fuera cierto, la gente que se pega en la calle ser haría daño de verdad porque sabrían pegar y sabrían hacer daño. Si los que practicamos estos deportes diéramos esos problemas de violencia el daño sería mucho mayor porque nosotros sí sabemos luchar. Hay gente que es violenta en otros deportes y actividades».
NA: ¿Y cómo hacen con los niños?
JA: «Hay que tener especial cuidado con ellos porque al final, cuando a un niño o una niña se le da una herramienta la va a usar. Yo que no me dedico a los golpeos, intento educarles como si fuera un juego. Como nos basamos en el agarre, hablo con ellos de ‘abrazitos’ y cuadno el alumno va madurando se le va explicando todo. Reconozco que la gente que sí que se dedica a disciplinas de golpeo tiene un trabajo mucho más duro en los primeros años».
NA: ¿Se necesita de algún tipo de cualidad física para poder practicar estas modalidades de artes marciales o son deportes que pueden adaptarse?
JA: «Yo no creo en eso de ‘voy a ponerme en forma para’, yo veo eso una excusa para no ir a una clase o practicar una actividad. Por otro lado, creo que si tú necesitas de una condición o cualidad en específico para practicar ese deporte que te gusta te están impidiendo esa práctica. Cualquier actividad deportiva se tiene que adaptar a quien la practica porque no todas las personas tienen las mismas necesidades. Si tú por ejemplo tuvieras una discapacidad, yo como monitor tengo que adaptarme a ello y si no puedo, ser honesto contigo y decirte ‘mira, según mis conocimientos, no estoy preparado’. Pero dejando claro eso, el problema no es tú discapacidad, tú condición o tus necesidades, el problema es que yo no estoy preparado para enseñarte como es debido. Yo he dado Judo paralímpcio y es todo un reto. Yo pensé que no podría hacerlo y primero tuve que formarme con un profesional y que me enseñara a enseñar».
NA: Cómo colegiado y artista marcial de Jui-Jitsu japonés y judoca, ¿se ha sentido suficientemente representado por las Federaciones?
JA: «Yo creo que al final nunca nadie se siente representado al 100% a nivel federativo ni deportivo, exceptuando a los deportistas de élite claro como los judocas. Lo que pasa es que son muy pocos. Ojalá se volcaran más para que salieran más deportistas de élite y el Judo vuelva a ser en España lo relevante que fue. Pero yo creo que el principal problema, que ha quedado demostrado con la pandemia, es que las bases están muy mal cuidadas. Creo que existe un total abandono a las bases que, en realidad, son los pilares. De aquí a unos años creo que se puede notar que la gente no va a querer federarse y que va a subir la tasa de abandono. La gente que está en la cúpula tiene que entender que está ahí gracias a todo el entramado que hay abajo. Encima, en una época en la que la digitalización es tan fácil, que las Federaciones sigan trabajando como en los ochenta es muy preocupante. Hay mucho retraso burocrático y existe tal disonancia que los más jóvenes no lo comprenden. La mayoría de los deportistas no solo perciben el deporte como salud sino como ocio. Si el ocio es tedioso se buscarán otra cosa más simple y cómoda como salir a correr, apuntarse a un gimnasio o jugar una pachanga con amigos».
NA: ¿Cree que se le da suficiente repercusión y visibilidad a estas disciplinas?
JA: «Yo creo que ha mejorado bastante. Aunque no haya una representación idílica, porque hay una clara sobrerrepresentación de los deportes mayoritarios como el fútbol, creo que por lo menos ya se habla de otros deportes. No lo recuerdo así en mi niñez. Ahora veo que un periódico coge a un luchador de la UCF y le hace un reportaje o se les da un micrófono y se les hace una entrevista aunque sea en muy poco espacio. Obviamente no me parece razonable que un futbolista se caiga y le hagan un especial de una hora pero creo que es muy importante fijarnos en el avance. El público cada vez demanda más diversidad porque como sociedad somos cada vez más diversos. Cada vez está más normalizado que a mi me gusta el futbol y a ti el ballet y si los medios de comunicación son un pequeño reflejo de la sociedad entiendo que esto tiene que notarse».
NA: Y para mejor esa representatividad, ¿qué haría?
JA: “Simplemente seguir el camino y entender que cada vez hay más diversidad. Al final yo creo que la comunicación, el marketing y la publicidad van a tener que entender que no pueden utilizar el mismo altavoz para todo el mundo”.