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Insípida

Redacción Deporpress| El derbi canario decepcionó. Fue un partido áspero. Con poco fútbol. Sin la emoción de otras veces. Resuelto desde el primer tiempo con dos errores defensivos, uno por bando, y huérfano del empuje extra que suele ofrece el Heliodoro a los blanquiazules durante el epílogo en estas ocasiones especiales.

No hubo solidez local. Ni tampoco inspiración visitante. El equipo de Ramis, que sigue cogido con alfileres, es incapaz de conseguir triunfos cuando regala atrás. Y Sipcic eligió el peor día para exhibir su tibieza en el despeje ante un francotirador del área como es Sergio Ruiz, que aprovechó el obsequio para hacer soñar a los amarillos con romper su maldición a la sombra del Teide. No sucedió tal cosa tampoco. Y van ya nada menos que dos décadas de sequía amarilla en el coliseo chicharrero.

Pejiño y Rober rivalizaron en perder balones con Nono y Vada. Aunque el argentino, eso sí, fue el héroe blanquiazul al dejar su sello en un control orientado dentro del área, que ejecutó cruzando de manera magistral al fondo de la red de un Vallés. El guardameta salvó el 2-0 en una volea de Zarfino que se envenenó tras botar sobre el césped.

Ahí se acabó el equipo de Ramis, que solo reapareció en el partido con la entrada de Suso Santana. El capitán se inventó un pase a pierna cambiada que Sol cabeceó fuera por centímetros y, a partir de ahí, el derbi se tiñó de amarillo. El Tenerife, sin Zarfino y el propio Sol sobre el césped, perdió mordiente. Esta vez los cambios introducidos por el técnico blanquiazul no tuvieron el efecto eléctrico de otras veces. Ni Apeh, ni Shashoua, ni Valera dotaron a los blanquiazules de esa chispa extra necesaria para tumbar a Las Palmas.

Fue un partido sin gracia. Que deja al Tenerife como estaba. La confirmación de que, ante determinados rivales, no hay más cera que la que arde. Y eso, por desgracia, no va a dar para llegar mucho más allá de donde se está ahora. Nos queda el consuelo de que Las Palmas sigue sin ganar en el Heliodoro. Pero el curso se acaba también sin el premio de ganar un derbi que, tras lo sucedido en la ida con la pifia de Ortolá, sabe a poco. Fue derbi sin alma en una temporada a la que, cada vez, se le va quedando más cara de insípida.