Por @juanjo_ramos
Creo firmemente que el trabajo de Juan Carlos Cordero durante el pasado verano tuvo claroscuros. Como el de cualquier director deportivo. Y que, desde luego, no merecía un monumento el 5 de octubre como algunos propugnaban ni merece la lapidación ahora que el mercado de invierno se cierra sin la reforma deseada y necesaria.
Claro que no podemos obviar los condicionantes. Para empezar, la drástica reducción de los topes salariales ordenada por LaLiga con el retraso de la vuelta del público a los estadios. Tenía dinero el CD Tenerife, que no agotó su límite, para reforzarse en enero y lo perdió. Otros, que sí gastaron el 100%, juegan con esa carta marcada y están en negativo.
Pero hay algo peor y de lo que se habla poco. Cordero inició su proyecto lastrado por la herencia de su antecesor. Podríamos ponerlo en plural porque estamos pagando aún parte del salario de José Naranjo. Pero no es menos cierto que los 5 millones de Luis Milla, fichaje de Alfonso Serrano, han permitido al club mantener una capacidad de adquisición alta en el mercado. En cambio, está por ver que alguno de los que realizó Víctor Moreno ofrezca algún rédito. Por ahora, lastran más que sumar.
Así, el actual director deportivo tuvo que rescindir a Isma López y aceptar el pago de la mitad de la ficha de Nahuel Leiva, que se fue cedido al Real Oviedo. Además, le consiguió equipo a Mauro dos Santos hasta diciembre y luego negoció su salida definitiva. Ahora, en el actual mercado de invierno, ha intentado corregir otra aberración de Moreno sacando a Joselu. Por el delantero de Cartaya, un buen profesional al que no le están saliendo las cosas, aceptó el anterior director deportivo asumir tres años de contrato a cambio de casi dos millones de euros a repartir en ese periodo. Una barbaridad por el que, en estos momentos, es el futbolista con menos minutos de la plantilla en Liga.
No es la única herencia de Moreno, ahora al mando del Marbella en Segunda B, sino que también encareció el nivel medio de la plantilla y firmó contratos de tres o más años a cada fichaje que llegó en propiedad al Tenerife durante su mandato. Del especialista en big data no se puede decir que trajera malas intenciones. Lo hizo lo mejor que pudo.
Dicen los que le conocen bien que, además, es buena persona. Pero no es esto un ataque a su persona. Es una explicación de lo que dejó, que no fue precisamente una situación para aplaudir con las orejas. En Lugo, donde los jugadores tuvieron que aceptar una bajada general de sueldos a su salida, saben de lo que escribo.