Redacción Deporpress | El Tenerife debería empezar a competir en enero. El nuevo año aporta sonrisas a los blanquiazules. Pasó en 2020 y en este 2021, que todavía anda en pañales, va por el mismo camino. Si unes los últimos resultados de diciembre, todo son confetis. Cuatro triunfos consecutivos (dos en Liga y dos en Copa), cuatro partidos también con la portería a cero y un cambio de dinámica tan necesario como ilusionante.
El equipo no es que sea ninguna maravilla. Pero, por fin, ha encontrado la manera de ponerle el candado a la portería. A eso hay que unirle también un aumento significativo de la eficacia ofensiva. El pragmatismo está dando los resultados apetecidos, pero porque va acompañado también de esa pizca de suerte que siempre se alía con los que van a lomos de una dinámica positiva.
Lo mejor es la inyección de autoestima que recibe un grupo que había tocado fondo en lo anímico tras lo sucedido en Oviedo, tras la tormenta perfecta de fatalidades que se dio en la cita liguera disputada en el Carlos Tartiere (expulsión de Pomares a los 13 segundos, perder por 2-0 antes del minuto 8, igualar el marcador en inferioridad numérica y que te hagan el 3-2 en la siguiente jugada). No olviden que es el mismo grupo. Los mismos futbolistas y el mismo entrenador. Pero ha cambiado la dinámica y, ahora, la inercia, propicia que veamos a un Tenerife capaz de adelantarse en el marcador y de gestionar ventajas.
Los dos penaltis parados por Dani Hernández, en Liga, y por Ortolá, en Copa, son la prueba fehaciente de que la fatalidad está ahora mismo en las antípodas blanquiazules. Este Tenerife ha domesticado las adversidades y no se ha dejado empapar por la lluvia de negatividad que lo rodeaba hasta hace apenas unas semanas. Con la dinámica anterior, esas dos penas máximas hubiesen supuesto un mazazo gordo y, posiblemente, un cambio de rumbo en los dos partidos. Seguro.
Hasta fichajes que habían sido puestos en entredicho, como Giovanni Zarfino, muestran con detalles como los de la Copa en Castalia las razones que hicieron que Juan Carlos Cordero lo reclutase para su proyecto. El centrocampista uruguayo ya aportó en Liga saliendo desde el banquillo y hoy, con los galones de la titularidad, fue el encargado de hacer que la eliminatoria se decantase para el lado blanquiazul con dos robos y dos asistencias en zonas absolutamente trascendentales.
Ha llegado el momento de disfrutar con esta nueva dinámica. No sabemos lo que durará. Ni hasta dónde hará llegar al Tenerife finalmente. Pero lo que es indiscutible es que ha traído felicidad. La lástima es que, visto lo visto, las temporadas futbolísticas en España empiecen todavía en agosto y no lo hagan en enero.