Redacción Deporpress | El Tenerife respira y cumple objetivos a partes iguales. Fue capaz de desprenderse, por fin, de la etiqueta que lo señalaba como un equipo incapaz de ganar dos partidos seguidos en Liga. Y, de paso, toma aire respecto a la zona peligrosa porque supera y abre diferencias respecto a un rival directo.
Fue un partido que, también, demostró virtudes y carencias a partes iguales. Incapaz de interpretar el juego hacia adelante, salvo cuando el balón pasa por Aitor Sanz o Fran Sol, el equipo que dirige Ramis se limitó en la primera parte a unir líneas y a sobrevivir, en un ejercicio de resistencia, a los centros laterales con los que el Castellón bombardeó el área de Dani Hernández.
El portero blanquiazul fue el héroe de la cita en Castalia. Detuvo un penalti, cometido por Bermejo en un fallo más propio de alevines que del fútbol profesional, y su proeza dio para mantener a su equipo ileso en espera de tiempos mejores. Un portero que da puntos a su equipo, otra rareza que hacia tiempo demasiados meses que no se veía por aquí.
Se vio otro Tenerife tras el descanso. Los isleños dieron un paso adelante en la presión y, tras aguantar con nota el asedio local, empezaron a hilvanar cosas, casi siempre enhebradas por la aguja de un hasta entonces desaparecido Shashoua.
De la habilidad del mediapunta inglés, destilada a cuentagotas en Castalia, nació el único gol del partido. Condujo sorteando rivales y, cuando se quedó sin espacio y estaba a punto de perder el balón, se inventó un pase abierto hacia Moore. El estadounidense, en una de sus típicas subidas, se acomodó la pelota, levantó la cabeza y puso un pase medido hacia el segundo palo. Allí, un recién ingresado Pomares cabeceó a la red el regalo tras anticiparse a su par. El valenciano marcó los tiempos en el salto y picó la pelota hacia abajo en dirección al poste. Imposible para el guardameta local.
La suerte, ese intangible tan esquivo para el Tenerife en las últimas jornadas, se fue esta vez del lado blanquiazul. Quizá porque es caprichosa. Porque suele castigar al más débil y porque se siente atraída por las buenas dinámicas. Y, en eso, el equipo de Ramis parece haber encontrado, por fin, la curva ascendente.
El triunfo deja al Tenerife con 4 puntos de margen sobre el descenso. Confirma, con el tercer partido con la portería a cero si contamos el choque de Copa, que la mejora en defensa es evidente. Que, al fin, han encontrado la fórmula para minimizar errores (hoy solo el de Bermejo en el penalti) y que después de mucho tiempo esperándolos comienzan a llegar los resultados. Bienvenidos.