Redacción Deporpress | Este miércoles, el CD Tenerife se marcha de copas por primera vez en el presente curso, con la cabeza puesta en el mal arranque liguero. Un torneo del KO que sirve bien para evadirse, para reencontrarse consigo mismo o como ejemplo para confirmar el mal momento.
Más allá de eso, la cita contra el Sestao River sirve como antídoto a modo de dar un giro a la situación actual, recuperando la confianza a través de resultados. La pasada campaña podría convertirse en un buen ejemplo de ello. Hace un año, los blanquiazules superaron la primera ronda contra el CD Mensajero (0-3), pero a los días siguientes se marcharon con cara de circunstancias en Riazor. Fue en enero cuando el equipo dio un vuelco a su devenir, liberando la cabeza de los problemas con el paso por las fechas navideñas para que Baraja diese con la tecla adecuada.
Ya aquel arranque de 2020, empezó con buen pie tras el triunfo en el Heliodoro sobre el Albacete (4-2). Pero esas sensaciones fueron refrendadas entre semana: se eliminó al Rayo Majadahonda en un sufrido encuentro, bajo la tensión de las tandas de penaltis. Y luego, llegaron dos Primera: cara contra el Valladolid, cruz frente a un Athletic Club donde se compitió a gran nivel y solo un gol de Yuri en el 118’ de la prórroga evitó a la postre, en penaltis, que el Tenerife avanzara a cuartos de final ante el actual finalista de la pasada edición.
Porque pese a que la relación copera no es cordial, el CD Tenerife ha encontrado argumentos en ciertas ocasiones durante este certamen a vida o muerte. En un escaparate parecido, los blanquiazules lograron superar tres eliminatorias con Baraja después de no conseguirlo desde la 95/96, donde en aquella ocasión llegaron a cuartos con Heynckes, doblegando en el camino a Vélez, Levante y Deportivo –el Atlético Madrid apeó en cuartos el sueño insular-.
Y es que, en ocasiones, el deseo de revancha puede convertirse en un recurso de valor para dar una vuelta a la dinámica. Con nada que perder y mucho que ganar, los de Ramis podrían hacer bien en confiar en la Copa como remedio que traspase esa confianza anímica y de juego –en caso de superar la ronda- al campeonato de Liga.