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Frustrados

Redacción Deporpress | El Tenerife ha despachado a un nuevo entrenador, el sexto desde que José Luis Martí fue cesado durante el curso 2017-18. El técnico balear llevó a los blanquiazules al playoff y, desde entonces, se repite como un mantra el mismo guion con los inquilinos del banquillo del Heliodoro. Ninguno sirve. Ni el propio Martí cuando agotó su crédito. Ni Joseba Etxeberria. Ni José Luis Oltra. Ni Luis César Sampedro. Ni Aritz López Garai. Ni, ahora, Fran Fernández.

Y los que funcionan y cumplen con el nivel de exigencia, como Rubén Baraja, prefieren cambiar de aires y buscar entornos menos hostiles antes de acabar devorados por el tsunami que va engulléndolos uno a uno en esta isla.

Tampoco valen los directores deportivos. Ha habido tres desde que el Tenerife se quedó a un gol de Primera División hace ya nada menos que cuatro temporadas. A Alfonso Serrano se le discutieron sus fichajes y el hecho de que tampoco dio con la tecla para elegir el relevo de Martí. Luego vino Víctor Moreno, que ni siquiera completó el curso que se había iniciado con su proyecto. Y ahora mismo está Juan Carlos Cordero, que trajo a Baraja pero no dio en la tecla con Fran Fernández.

Lo peor es el hartazgo que esta situación genera en los aficionados. Los hinchas asisten, ya con más resignación que enfado, a un ciclo que nadie es capaz de detener. El Tenerife no encuentra la manera de empezar una temporada cumpliendo con un mínimo nivel de juego y resultados. Y su mal arranque hipoteca luego cualquier posibilidad de luchar por algo más que no sea eludir el descenso.

Con este panorama, que ni mucho menos es apocalíptico porque aún quedan 84 puntos por ponerse en juego, solo queda desear que, a quien corresponda, se le aparezca la inspiración y acierte con el nombre del próximo entrenador. Será la única manera de aumentar la productividad de una plantilla a la que se le adivina más potencial del que ha exhibido en este primer tercio del campeonato y, sobre todo, la vía más corta para detener este permanente estado de repetición de los acontecimientos que, temporada tras temporada, nos tiene a todos más que frustrados.