por @juanjo_ramos
Sí. Lo sé. Este inicio de temporada es “lo mismo de siempre” en el CD Tenerife. Otra vez malos resultados (cuatro derrotas de siete), otra vez fichajes que no rinden en el minuto 1, otra vez dudas sobre el entrenador, otra vez lejos de la cabeza, otra vez la UD Las Palmas por encima en la clasificación, otra vez la ilusión por los suelos, otra vez la típica campañita radiofónica que se llevó por delante a Cervera, Serrano o Martí…
A este retrato de cualquier inicio de temporada del tinerfeñismo le falta una pitada en el Estadio, un candidato alternativo a la presidencia, de esos que no tienen ni capacidad ni acciones para quitar a Miguel Concepción, y una entrevista de Amid Achi rajando de Fran Fernández. El resto ya nos lo sabemos.
Cansa, aburre, produce hastío. Llámenlo como quieran, pero es descorazonador. No caeré en el populista “el tinerfeñismo no merece esto” porque igual es justo lo que merecemos todos, tanto afición como medios de comunicación. Pero resulta decepcionante. Y lo peor es que esto no se arregla quitando a una persona, se llame como se llame y ostente el cargo que ostente. Eso ya se ha intentado. Muchas veces. Siempre señalando a un culpable concreto y distinto, que luego acaba teniendo éxito en otro sitio mientras el Tenerife vuelve a empezar mal la temporada.
Somos nosotros, es nuestra forma de ser. La de todos. La exigencia (el ascenso), la ilusión facilona (Fran Fernández porque nos gusta más que Julio Velázquez), las expectativas por encima de la realidad (el famoso “este año sí”), los elogios antes de tiempo (“la obra de arte de Juan Carlos Cordero”) y la facilidad con la que el péndulo gira hacia la desesperanza y el enfado con cuatro malos resultados y a falta de 35 jornadas. Treinta y cinco.
También esa sensación de sentirnos superiores a equipos que se llaman Ponferradina o Mirandés, esa tendencia a aflojarnos y acomodarnos dentro y fuera del campo, esa falta de hambre que ahora contrasta con el discurso y las poses en las redes sociales. A veces dan ganas de decir: déjense de decirnos que están unidos y van a por todas. Demuéstrenlo. Que se vea en el campo.
A este Tenerife le falta hambre, intensidad, agresividad. Eso tiene que partir de los jugadores sin necesidad de que un señor con un látigo y el carnet de entrenador se lo tenga que recordar. Pero el señor con carnet debería también elegir un plan, el que sea, y conseguir que funcione y que sus pupilos sean valientes para defenderlo y sacarlo adelante.
No se trata del 4-4-2 ni del 4-2-3-1. De si debería jugar Nono o Shashoua, Alberto o Carlos Ruiz. La cuestión no es si Aitor Sanz está mayor o Jorge es muy joven. Es el deber. No me hablen de presión o de exceso de responsabilidad cuando hay gente detrás en el paro, el ERTE o lo que sea esperando a que su equipo le dé por fin una alegría. Entiendo que piensen que esto último es demagogia. Pero lo puedo cambiar por tres palabras: ¡Pónganse las pilas! Todos, entrenador y jugadores.