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Mejoría

Redacción Deporpress | Bien está lo que bien acaba. El Tenerife pudo perder en El Molinón por no ser capaz, igual que sucedió en las salidas de Alcorcón y Mallorca, de plasmar su superioridad sobre el césped en el marcador. Para ser justos también hay que apuntar que pudo ganar en el descuento, si Sipcic acierta a dirigir mejor su cabezazo a cualquier otro sitio de la portería menos justo donde estaba Mariño. Y, al final, terminó empatando como justo premio a los méritos que había contraído durante el partido ante un Sporting de Gijón que ha arrancado este nuevo curso de la Segunda División con el grupo de los mejores.

Es curioso cómo ha evolucionado el fútbol en los últimos años. La mayoría de equipos, y el Tenerife tampoco es una excepción en esto, juegan a que no pase nada. Tienen la pelota donde te la deja el rival y disfrutan de su posesión porque, mientras la tienes, no te pueden hacer daño. El problema comienza cuando ya no sabes qué hacer con ella. Cuando tienes que arriesgar más allá de los ‘pases de seguridad’ y cuando sabes que, si la pierdes en una zona comprometida, te va a suponer un problema.

Ha tratado Fran Fernández hasta la saciedad de corregir las transiciones defensivas del Tenerife. Ha visto esa debilidad e intenta hacer todo lo posible para que no aparezca un contragolpe del rival. De hecho, esa es la principal explicación de que en el dibujo del técnico andaluz haya hasta tres mediocentros en la medular (Aitor Sanz, Zarfino y Vada). El Sporting también lo sabía y aprovechó la única posibilidad que tuvo para correr. El repliegue no salió de la manera prevista, porque Aitor Sanz perdió la carrera con Pedro Díaz, y los isleños volvieron a encajar en uno de sus pocos errores para desesperación del personal.

El fallo no costó esta vez el partido porque, pese a estar contra las cuerdas varios minutos tras el gol, el Tenerife no bajó los brazos. El impulso de Zarfino, que por ahora aporta más en la faceta anímica que en la futbolística, posibilitó el ejercicio de fe. La tenacidad del uruguayo, contagiosa para el resto de sus compañeros, también desveló otra cosa aún más importante. Este equipo demuestra que puede jugar a algo cuando se ve obligado a agarrar los partidos por la pechera.

Ahí, cuando hay que remar para evitar el naufragio, es cuando nace el Tenerife que todos queremos ver. El que solo intenta ganar cuando lo ve todo perdido. Es evidente que los blanquiazules deben seguir escribiendo el capítulo de cada jornada con la misma decisión que exhibieron tras encajar el primer golpe en El Molinón. Habrá que esperar para ver al equipo de Fran Fernández ponerse por delante en el marcador. Pero, para que eso suceda, es obligatorio dejar de jugar a que no pase nada. Ese es el único camino que, de verdad, llevará al equipo hacia la mejoría.