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La ecuación de Baraja

Redacción Deporpress | De los nubarrones negros a los rayos de luz. La calculadora de Rubén Baraja solo necesitó tres partidos para calibrar las prestaciones de su nuevo reto en los banquillos. Los números a su ecuación encontraron la fórmula del éxito en el cuarto intento, aún cuando los presagios estadísticos pintaban a un 2020 de color negro.

El ‘Pipo’ encontró la fórmula mágica para exprimir el rendimiento de los muchachos vestidos de color blanco y azul. Junto a su cuerpo técnico, idearon un plan para encontrar un algoritmo donde el signo posterior a ‘=’ fuese sinónimo a la palabra ‘éxito’. Con un fútbol menos vistoso, pero enormemente práctico. Con cuatro laterales, dos de ellos actuando de extremos, como recurso habitual. Y con un equipo que tiraba de oficio para asestar golpes en cada problema planteado, solucionando en tiempo récord uno de los deberes pendientes: la sangría defensiva.

Porque el fútbol se traduce como un conjunto de números y estadísticas. Y ahí, el vallisoletano no tiene rival en esta segunda vuelta: 34 puntos que le acreditan como el mejor de la segunda vuelta; el único club de Segunda que ha firmado doble dígito de positivos durante esta segunda ronda; 25 dianas a favor y 13 en contra que le reafirman como uno de los más efectivos en ambas áreas. Una escuadra que compite en casa y, con enorme sorpresa, fuera del Heliodoro.

Porque el CD Tenerife tiene sello. Juega con su rival, lo agota, tira de oficio y espera su momento. Sucedió en Cádiz y ahora con el Almería, justo frente a dos aspirantes al ascenso directo para cambiar de objetivo: de permanencia a playoff. Porque probablemente Baraja no cuenta con los mejores jugadores de la categoría, pero sí con uno de los bloques más comprometidos y serios donde el valor colectivo juega una premisa fundamental. La cantidad prolongada de unos y ceros en las arcas del Almería no mostró tal superioridad sobre el presupuesto más austero insular. Porque el fútbol también deja espacio a lo imprevisible, frente a la exactitud de las matemáticas, pero el modelo empleado para el fin último de este equipo sí lo es. Y ser el número uno desde la 22ª jornada no es fruto de la casualidad.