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Carnaval de Ilusión, Gracias @adrianatavio_

Por Chus de León

Feliz. Así es como me siento cuando percibo desde la lejanía cómo una de las cosas más bonitas que tiene uno en la vida (el tinerfeñismo bien entendido para mí es algo excepcional) da una nueva muestra de vida como hace de tanto en cuanto con esas buenas palpitaciones tinerfeñistas, que remueven los cimientos más duros que existan.

Hace más de doce años se conjugaron los anhelos, fantasías y sueños blanquiazules de dos jovenzuelos que guitarra en mano y papel-boli en mesa, hacían valer su cariño, su amistad y su afición por componer cosas, para vencer a la distancia (Mingo en Tenerife y yo en Sevilla), poniendo esbozo a lo que nuestros corazones de aficionado sentían y rememoraban tras multitud de vivencias tinerfeñistas.

Aunque se había marchado la década de nuestros momentos grandes y minutos de gloria, de los Valdanos y Heynckes… la grandeza del corazón de los birrias siempre permanece y eso es básicamente lo que nos apetecía cantar y homenajear en “Carnaval”. Un tema hecho desde el corazón y desde el culo pelado de años en nuestras gradas de cemento y madera.

Da igual los años que pasen, en qué categoría juguemos o quien esté vistiendo nuestros colores… el tinerfeñismo es lo más grande que hay. Genera murmullo en el estómago en los momentos claves, enerva hasta límites inimaginables… y todo lo que mueve este escudo aspado cuando la máquina se pone a funcionar a nivel de sentimiento y orgullo de pertenencia, traspasa épocas y fronteras. Simplemente… el Tenerife es el mejor pegamento para unir a gente de todo tipo y condición. Y cuando queremos (y sobre todo cuando nos lo proponemos….) somos la mejor afición del mundo.

Y eso siempre ha sido así, y tampoco es que hayamos descubierto la pólvora Mingo y yo. En esta cuasi centenaria historia así lo sintieron los que esperaban ansiosos cada domingo el rito sagrado y acostumbrado de cuando Paco Zuppo pegaba el salto al césped (bueno… más bien tierra en su momento) bastón en mano en los descansos de los partidos para movilizar a todo el estadio a cantar su riqui raca. También los que se sonreían con el la garita-escondite que le hicieron al Padre Paco Herráiz (el cura del Tenerife que se escondía para ver los partidos en una esquina entre tribuna y general en una garita hecha para que no tuviera que mezclarse con la gente).

También los que disfrutábamos con la ternura de María (yo la amaba) y sus ocurrencias en Herradura para hacer que todo el mundo animara al Tete allí en aquel rinconcito de grada (sí, las gradas en el Tete tenían rinconcitos…) junto a la Peña Salamanca de Paco Alpañez. También los que conocían al bueno de Chucho Dorta y sus misterios y conjuros para que los guanches empujaran desde más allá y primero Pumpido… y luego Paco Buyo lo sufrieran en sus carnes año tras año. Y, por supuesto, también lo sabíamos cuando el bueno de Damián Fleitas agarraba ese ritual tan importante y sagrado (y que el reflejaba con tanto amor) como era manejar bien y con orgullo la bandera de nuestros amores y se mandaba partido tras partido 90 minutos de ondear (hasta en el infierno de la Segunda B aquellos dos terribles años).

Y cargados de sueños, en 2008 los dos jovenzuelos dijimos…  ¿Y si se la mandamos (la canción) al Tenerife? Lo mismo les gusta y hacen algo con ella….  Luego gustó… la gente la hizo suya, la cantaron pibitos, mayores, grandes y pequeños y tal y como dice Jorge Drexler, toda esa energía confluyó y se transformó… y Carnaval cobró vida propia quedándose entre cintas y cedés grabados por los birrias. (Maravillosos la de testimonios que nos han llegado estos años).

Pues eso, que esta semana de retorno… y sin planificarlo… pasó otro de esos milagritos que de cuando en cuando se dan en nuestro entorno. Gracias de corazón Adriana por emocionarme y tocarme el corazón con una interpretación espectacularmente fresca y bonita de un tema que todos y todas hemos hecho nuestro.  Y gracias a cosas como tu bonita forma de cantarla (desde el corazón) hará que siga estando ahí mientras todos y todas le sigamos dando vida.

Que viva ‘Carnaval de Ilusión’ y que vivan los momentos y las historias birrias. ¡Que vivan las nuevas generaciones que dan sentido a todo lo anterior con un nuevo explotar de colores blanquiazules! Volveremos, cada día está más cerca y seremos mucho más fuertes. Solo es cuestión de tiempo.