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Don Aitor Sanz

por @juanjo_ramos

La renovación de Aitor Sanz es un acto de justicia. Incompleto, porque alguien como él merecía el segundo año de contrato sin condicionantes, pero justo. Supone un reconocimiento a un profesional íntegro, honesto y ejemplar. A un capitán con mayúsculas. A una persona que siempre antepuso el bien común al individual. Que tuvo la oferta de su vida en enero, para jugar a las órdenes de su admirado Álvaro Cervera y puede que en Primera, pero decidió no forzar ni un ápice porque el Tenerife necesitaba de sus servicios.

Lleva siete temporadas como blanquiazul y no se le recuerda una palabra más alta que la otra. En cada comparecencia, cordura y templanza. En el campo, ardor y calidad. Porque Aitor es ese mediocentro que todo entrenador querría tener en su equipo. Una prolongación suya en el campo. Casi como el yerno perfecto. Ese hombre al que le confiarías lo mismo la conducción de juego que la vida de tu hija.

Pocos saben lo que sufrió el madrileño durante su lesión. Las cosas que hizo para intentar recuperarse. Primero rápido. Luego, cuando fue imposible, bien. Algunos miraron entonces su DNI y creyeron que estaba acabado. Que ya no volvería o que lo haría a medio gas. Lo pensaban porque no lo conocen bien. Otros siempre supimos que volvería y que lo haría como siempre. Porque Aitor no engaña. O está en el campo para ayudar a su equipo o no está.

Por eso renueva y lo hace pensando que le queda cuerda para rato. Al menos para dos años. Puede que más. Espero que Miguel Concepción, que el CD Tenerife en definitiva, conserve a este profesional ejemplar más allá de 2022. En el campo o en la estructura deportiva. Ahí, cuando le toque colgar las botas, seguro que también seguirá pensando y sumando en blanquiazul. Igual la ciencia avanza y se le puede clonar.