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Sordos

Por @rondoscutillas

El reinicio de la Liga está a la vuelta de la esquina. Cada vez queda menos para que el balón vuelva a rodar y para que se inicie una competición exprés que promete ser frenética para todos. Dos partidos semanales por equipo, viajes por doquier y más incógnitas por despejar que nunca desde el punto de vista de si la preparación realizada estas semanas ha sido la más adecuada o no.

La emoción y el cosquilleo de saber que regresa el fútbol, aunque esta vez no haya público en los estadios, no la para nadie ya. Aunque algunos, en su afán por innovar y tratar de rizar el rizo tomen decisiones equivocadas y sigan empeñados, con sus actos, en prescindir de aquellos elementos que hubiesen supuesto un aliciente añadido a la hora de sentarnos delante del televisor para ver en acción a nuestro equipo favorito.

Desde hace unos años, a los aficionados a este bendito deporte se nos trata como lo último. Disparidad de horarios. Un calendario que impide saber con más de dos semanas o tres de antelación qué día jugará tu equipo en una ciudad concreta con el propósito de que sea muy complicado planificar un desplazamiento. O incluso cambios sobre lo ya anunciado. Cada vez nos dan menos.

Los operadores televisivos, esos a los que mantienen los propios seguidores abonándose a un paquete futbolístico concreto para consumir partidos, tienen la sartén por el mango. Y cada vez más. Se lo han permitido todo y, lejos de aminorar su poder, la Liga los alimenta cada temporada por miedo a perder lo que, sin duda, es la gallina de los huevos de oro.

La última ocurrencia de Mediapro, en aras del buenismo y para que cuando nos sentemos ante el televisor tengamos la sensación de estar en un estadio en el que no estamos, es realizar las retransmisiones con sonido ambiente grabado. Cogerán la atmósfera y el ruido de las gradas de partidos antiguos, lo fusionarán y nos lo meterán de fondo, junto a la narración, para “tener una interacción más emocional”, según avanzó Jaume Roures esta misma semana en RNE.

Vamos, que adulterarán la realidad para que un estadio vacío parezca que está lleno. El experimento, que debe ser parecido a la sensación que tienes cuando juegas un partido a la PlayStation con tu sobrino, nos hará percibir a través de la televisión el rugido de un gol. Un gol que, realmente, solo gritarán los protagonistas. Los que sí están allí. Y los únicos privilegiados que escucharán realmente lo que sucede. Los futbolistas y los técnicos. Pero, en aras de recuperar el ambiente que se generaba en cada terreno de juego antes de que el COVID-19 lo cambiase todo, nos servirán aplausos enlatados. Como en cualquier telecomedia de tres al cuarto.

Pero lo peor no es eso. Lo peor es que ahora, jugando a puerta cerrada y teniendo una oportunidad única para que el telespectador pueda escuchar a jugadores, técnicos y árbitros en un estadio vacío, la desechen. No tendremos el sonido de los banquillos. Ni tampoco se podrán percibir los gritos de un compañero a otro. Nada de nada. Lo censuran. Y ni se ponen colorados. Los mismos que hace años clamaban por poder ponerle un micrófono a los protagonistas de la fiesta del fútbol, lo lograron con algún árbitro incluso, deciden ahora silenciarlos. Inexplicable.

Uno de los alicientes de los partidos de la Bundesliga, desde que se reanudó el fútbol en Alemania también sin aficionados en los estadios, es el de poder escuchar por televisión y en pleno partido a los futbolistas mientras juegan. En España, eso no será posible. Porque la empresa que realiza las retransmisiones ha decidido, con un criterio más cercano al disparate que al del periodismo, dejarnos a todos sordos.