por @juanjo_ramos
Ha venido para quedarse un modelo distinto, más adaptado a la selva que es esta Segunda División, y con una trayectoria como aval. Los primeros movimientos de Juan Carlos Cordero apuntan a un cambio tranquilo, sin excentricidades ni revoluciones. Atrás quedan los términos importados del inglés por su predecesor en el cargo para darle pompa a su relato.
El ahora director deportivo del Tenerife habla claro y para la gente. Sus decisiones también se entienden con facilidad. El primer mensaje fue la renovación de tres de los cuatro capitanes, cumpliendo así al 75% el encargo presidencial recibido nada más cruzar el umbral de la puerta del Heliodoro. Le falta Aitor Sanz y lo sabe. Por eso lo califica como “prioritario”.
Arregló el entuerto Alberto Jiménez y proclamó que había que darle valor al patrimonio deportivo que posee el club. Valorar lo que hay dentro antes de salir a buscar fuera lo que falta. En su declaración de intenciones abordó el siguiente capítulo asegurando a Shaq Moore hasta 2024. No quiere entrar en el último año de contrato de jugadores susceptibles de ser captados por otros clubes. No quiere otro caso Luis Pérez ni que se le encarezca una renovación por esperar demasiado.
Tampoco le temblará el pulso a la hora de buscar soluciones para los descartes. Ni cuando tenga que hacer apuestas en las incorporaciones. Pero a esos capítulos no hemos llegado aún. Es un spoiler, que diría Víctor Moreno, de lo que está por venir.
Puede que los resultados luego no acompañen, pero en el inicio de su etapa yo me quedo más tranquilo que en el de la anterior. Estamos en buenas manos.