Redacción Deporpress | Hoy se cumple una década del último partido del CD Tenerife en Primera División. Sucedió, tal día como hoy, un 16 de mayo, en Mestalla y ante el Valencia CF. Los blanquiazules, penúltimos con 36 puntos, estaban igualados al Real Valladolid, el Málaga CF y el Racing de Santander. Necesitaban superar a dos de esos equipos y se prepararon para asaltar el feudo valencianista, ante un rival que no se jugaba nada.
José Luis Oltra alineó aquella tarde a Aragoneses; Pablo Sicilia, Culebras, Ezequiel Luna, Héctor; Mikel Alonso, Ricardo León, Román Martínez; Juanlu Hens, Alfaro y Nino. Más tarde, con el marcador sin moverse y los resultados desfavorables en otros campos, el técnico fue dando entrada a Omar Ramos, Dinei y Ángel. El gol tinerfeño no llegó, pero sí el del Valencia cuando ya todo estaba perdido. Alexis Ruano anotó, de cabeza, el 1-0 definitivo a los 89 minutos. Al Tenerife le hubiera valido el empate si el Real Madrid hubiera ganado en Málaga, pero los blancos no pasaron del empate ante un rival que fue incapaz de ganar un solo partido en las últimas once jornadas.
Era el día del adiós del centrocampista valencianista Rubén Baraja, ahora entrenador del Tenerife, que fue despedido con honores por la parroquia che. Mientras, los blanquiazules lloraban su precipitado descenso. Quizás no fue ese día, sino ocho atrás con el empate a dos ante el Almería en casa. O en aquel bote neutral regalado al Villarreal, que acabó restando dos puntos en el Heliodoro. El caso es que aquel descenso todavía duele.
En el aeropuerto de Manises, los más de 400 seguidores tinerfeñistas desplazados a Mestalla, vitoreaban a los jugadores y a José Luis Oltra. Pedían la continuidad del técnico y señalaban al presidente, Miguel Concepción, por su escasa predisposición a la hora de reforzar al equipo en el mercado de invierno. Pese a las carencias, no llegó un solo fichaje en enero. El resto de la historia es bien conocido: el Tenerife, afectado por su falta de iniciativa en la temporada 09/10 para salvar la Primera, se autopresionó al año siguiente y cayó al pozo de la Segunda B.