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Y al fin pudimos volver a salir a la calle

Por @PatriciaRLosada

Madrid “amaneció” este sábado pasado a las 6:00h. de la mañana, para los que no madrugamos tanto, a eso de las 8:00h. Día soleado desde temprano, aire mucho más limpio (lo que tiene el descenso de contaminación) y árboles verdes nos hacían recordar que, sin darnos cuenta, habíamos cambiado hasta de estación. Desde que empezó la cuarentena hasta ahora, pasamos del menos cero, que hizo nevar alguna que otra noche, a los más 25 grados de estos últimos días.

Tras dos meses de confinamiento, pasear o hacer ejercicio se convirtieron en un acercamiento a la rutina. Un pequeño margen de libertad que parece que viene a decirnos, ahora sí, esa redicha frase de “ya falta menos”.

La capital entró este lunes, al igual que la mayoría del país, en la fase 0 de desescalada: el inicio de una especie de cuenta atrás que, si todo va muy bien, podría terminar en algo más de mes y medio.

Los que vivimos aquí, tenemos asimilado que tardaremos más que el resto de comunidades en volver a la “nueva normalidad”. La tendencia de crecimiento del virus es descendiente, como en el resto de España, pero esta sigue siendo la región más afectada por COVID-19. Solo en 24 horas, la semana pasada llegó a registrarse un pico de 1.000 nuevos contagios. Un rebrote puntual que podría convertirse en habitual en caso de querer adelantar los tiempos.

Es probable que Madrid no vaya pasando todas las fases en los tiempos estipulados y que algunas puedan durar más de dos semanas. Sin embargo, y aunque la mayoría quedará solo en intenciones, desconciertan ciertas propuestas realizadas por la Comunidad madrileña al Gobierno central, como la de querer retomar la actividad lectiva de forma presencial en los centros escolares al menos 15 días antes de la finalización del curso. Tras los menús de pizza con Cola-Cola, ya nada sorprende.

A partir de ahora, cada dos semanas se irán dando pequeños pasos que nos llevarán de vuelta a la cotidianeidad y que nos irán haciendo más llevadero lo que quede de confinamiento. Este domingo, por ejemplo, se veía luz en el interior de algunos pequeños locales preparándose para abrir al día siguiente. El lunes, los bares y peluquerías ya recibían a sus primeros clientes. Ningún sitio es igual sin la vida que le dan sus comercios.

Aún con los parques cerrados (la idea del Ayuntamiento es peatonalizar algunas carreteras), no hay calle de la zona céntrica de la capital que no esté altamente transitada estos días. Sin embargo, si en ocasiones parece imposible respetar la distancia de seguridad resulta más una cuestión de superpoblación que de incivismo.

No obstante, conductas irresponsables siempre hay. Para ejemplo los más de 70 botellones en los que tuvo que intervenir la policía este primer fin de semana en el que se pudo salir, los cánticos de “no me quedo en casa” de unos cuantos inconscientes en Malasaña o la cantidad de personas que se saltaron el precinto de seguridad para pasear en Madrid Río. Sin excluir de este grupo de aglomeraciones innecesarias a la formada por los principales políticos madrileños, a modo de campaña electoral, para celebrar el cierre del hospital de Ifema.

Las actuaciones imprudentes, tanto a nivel gubernamental como individual, podrían acarrear la prolongación de la desescalada más allá del 22 de junio y provocar, en definitiva, que tengamos que esperar aún más tiempo para retomar nuestra forma de vida. Para los que estamos fuera de casa supondría, además, continuar alejados del lugar al que tantas ganas tenemos de regresar.