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ERTE

Por @juanjo_ramos

El CD Tenerife se dio este jueves un baño de realidad con la presentación de un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) que afecta a toda su plantilla, tanto deportiva como administrativa. El parón competitivo por la crisis del Covid-19, así como la considerable reducción de ingresos, aconsejaba a sus dirigentes dar un paso así.
Desconozco si es la medida adecuada. Y no pasa nada por decirlo si uno no conoce las cuentas por dentro. Cierto es que la actividad del club se ha reducido prácticamente a cero, sobre todo en cuanto a su principal objetivo de negocio: el equipo. Ni entrena ni juega. Un desastre. Sigue además el camino de otras muchas entidades. No es lo ideal, pero igual es lo que toca.
Si se me ocurre un punto de discusión: la fórmula elegida, la elección de los profesionales que se quedan en suspensión, la compensación a los que entran en reducción y las consecuencias de esas elecciones. Debería esmerarse el Tenerife, como cualquier empresa, en cuidar esas elecciones y en no generar división. Las decisiones hay que tomarlas en función de las necesidades organizativas y de la productividad. Cualquier otro criterio resultaría ineficaz y una torpeza. Y pasa más de lo que parece. Espero que no sea el caso.
La respuesta de los jugadores estará a la altura. Algo me dice que las plantillas caminan por una senda distinta a la de su sindicato. Uno ve la inflexible postura de la AFE y no puede evitar preguntarse en qué planeta viven sus dirigentes. Desde luego no en uno acosado por el coronavirus. Defender los derechos de los jugadores resulta bien distinto a dejar la imagen de insensibles y egoístas que ahora dan si se atiende al sindicato.
No ayuda a encontrar un acuerdo la lucha de egos de esos dos señores feudales llamados Javier Tebas y Luis Rubiales. Y eso que no les discuto el interés por fabricar un calendario. Se les critica, sobre todo al primero, por querer poner fecha al reinicio liguero y se recurre para ello a la perogrullada de que serán las autoridades sanitarias las que den el pistoletazo de salida. Claro, pero habrá que ir diseñando ese retorno.
¿Cuándo? Esa es la gran pregunta. Cuando se pueda. El gran problema es la seguridad. No habrá garantías suficientes. Quizás haya que adaptarse a entrenar, competir y, en definitiva, vivir de otra forma. A convivir con el virus aislándolo lo más posible. Pero a saber que, hasta la existencia de una vacuna o un retroviral apropiado, seguirá habiendo casos. Y que el mundo no puede dejar de girar por eso. Pero a ese capítulo no hemos llegado. Está lejos aún. Ahora hay que salvar vidas, que es lo más importante.