Redacción Deporpress | El fútbol es un estado de ánimo. Un deporte donde la calidad juega, pero también la confianza. Y al Tenerife, enero le ha dado la vida. La cuesta se ha convertido en un paseo bajo una brisa fresca donde recuperar la sonrisa, bajo el paraguas del Heliodoro donde los de Rubén Baraja han sumado 9 de 9 en este primer mes del año, dejando además en la cuneta a todo un Primera como el Valladolid y echando un fuerte pulso al Athletic Club en Copa.
Los peores presagios llegaban en época prenavideña en una infame imagen de equipo caído en el ‘cementerio’ de Riazor que desprendía un aroma de siniestro. Dos equipos en la tumba donde el Tenerife se marchaba a comerse un turrón con todas las papeletas para venirse abajo. Pero ese descanso parece que vino bien para despejar la menta, retomar energías y cumplir los primeros propósitos del nuevo año. Porque el ‘Pipo’ ha levantado a un club inmerso en la depresión, sin ganas de salir de su propio escondite, para desprenderse de sus complejos y ondear su melena.
Año nueva, vida nueva. Baraja ha interiorizado una filosofía dentro de la plantilla. Un equipo por encima de todo que compite siempre. Y que ha recuperado su mejor arma: el fortín del Heliodoro. Un acierto a priori en el hombre gol y unos guerreros en clave blanquiazul que basan su profesión en puro compromiso. Porque nadie evade el esfuerzo con la elástica blanquiazul, y eso es un punto extra. El Tenerife empieza a sembrar brotes verdes. A recobrar vida. A soltarse sobre el césped. Solo un aspirante al ascenso directo como el Huesca ha sido capaz de dejar al Tenerife sin premio en este último mes, quizás con un premio excesivo para lo que se vio en El Alcoraz.
Por otro lado, no cabe duda de que la Copa pasó de ser un obstáculo a una medicina contra esa depresión blanquiazul. Como ese psicólogo que te levanta los ánimos y te dice que eres capaz de más cosas de lo que crees. Como esas terapias grupales donde se acude en búsqueda de expiar pecados para renovarse por dentro y salir adelante. El Tenerife empieza perdonarse a sí mismo y a reconciliarse con su mayor tesoro: la afición. Un equipo del que, ahora sí, uno puede sentirse orgulloso. Pero el camino es largo y las dinámicas imprevisibles. Ya van 29 puntos, pero hacen falta 21 créditos más para no ir a coma inducido. Ahora bien, la escuadra birria camina por la senda correcta y con la brújula bien orientada.