Por @juanjo_ramos
Vivimos en tiempos de discusión, que no de debate. Obsesionados por tener razón y con pocas ganas de escuchar/leer al otro, de atender a sus argumentos por si se nos ha escapado algo.
Vivimos en tiempos de caza, de búsqueda de un culpable. Importan poco las razones que han desembocado en una situación problemática. Lo importante es señalar, más que corregir. Nos contentamos con eso.
Vivimos en tiempos de exageración. El problema es drama. Las situaciones, insostenibles. El error, una vergüenza. El culpable, un sinvergüenza.
Vivimos en tiempos de idealización. Lo arreglamos todo sentados en un sillón, desde la pantalla de un móvil, con un cambio de persona en un cargo, con un discurso facilón y populista que no tiene profundidad.
Vivimos tiempos en los que alguien ejerce una crítica argumentada y la respuesta suele ser “y tú más”. Defiende una postura y la respuesta es “claro, porque a ti te beneficia”. A menudo resulta imposible circunscribir el debate al tema en cuestión, nos salimos de él, volvemos a nuestras obsesiones, queremos que el otro opine como queremos nosotros y, si no lo hace, lo señalamos porque tiene “intereses”. Y aún peor, aunque ejerzas la crítica, no es suficiente si no utilizas palabras gruesas.
Vivimos tiempos feos. Andamos enfadados con el mundo. Llenos de desconfianza. Olvidamos los objetivos comunes. Nos alejamos del bien general. Sí, pasa en la vida. Sí, pasa en el CD Tenerife y su entorno.