Por @juanjo_ramos
Estaba escrito. Meses de anuncios poco sólidos, de intenciones por descubrir y escasos trazos del proyecto. Meses que han tenido su fin en una Junta General de Accionistas en la que Miguel Concepción y sus apoyos (Juan Pelayo, Amid Achi y Conrado González entre otros) han arrasado a la autodenominada alternativa Tinerfeñistas.
Corviniano Clavijo es un hombre serio, responsable, buena persona y muy blanquiazul que se ha visto arrastrado al fracaso por no saber distinguir el bien del mal entre los que le ofrecían su respaldo a cambio de noticias y de una campaña de desprestigio hacia aquellos que osaran no unirse a la causa. ¿En qué le ha beneficiado a él personalmente esta aventura? Y sobre todo, ¿en qué ha ayudado al Tenerife?
¿Dónde estaba José Miguel Garrido este jueves? ¿Qué pinta en el Tenerife un inversor si no es para comprarlo de verdad, para invertir los millones de euros que hacen falta para poner encima de la mesa un proyecto creíble y dejar sin otra palabra que no sea el sí a los que están dentro?
La alternativa a Concepción, que ha logrado reunir menos apoyos que Pier Luigi Cherubino en 2016 pese a comprar en subasta las acciones de Pedro Suárez, empezó siendo algo indescifrable. Una triste presentación, sin datos ni proyecto que llevarse a la boca, luego un goteo de medidas que siempre contaba el mismo medio de comunicación y, finalmente, entrevistas en las que cada vez era más protagonista Garrido y menos Clavijo, cada vez era menos amable el lenguaje, más parecido al del inversor que al del candidato.
La falsa esperanza ha hecho más daño de lo esperado, generando de nuevo ese ambiente irrespirable tan propio del Tenerife en los malos momentos deportivos. Es culpa de Concepción, sí de Concepción y sus subordinados, que el equipo solo pueda aspirar a la salvación esta temporada. Una decepción mayúscula que esperemos no acabe en estruendoso fracaso con el descenso. ¿Pero en qué ha ayudado este camino a ninguna parte emprendido por Clavijo con el dinero de otro? Hoy estamos todos peor: el equipo, la prensa, la afición, la directiva y hasta la presunta alternativa. Todos tenemos peor imagen.
Puede que Concepción esté viviendo su última etapa en el club, que un relevo sea lo mejor para todos. Pero debe producirse por los cauces lógicos, vía pacífica siempre, ya sea por una transición pactada a un candidato continuista que acepte el propio Concepción o por un traspaso accionarial tras una oferta irrechazable y con un sustento detrás a modo de proyecto de crecimiento de la entidad. No hay atajos.
Mientras esas alternativas, que yo aplaudiría si entiendo que son lo mejor para el Tenerife, no se produzcan, toca centrarse en lo verdaderamente importante: salvar la categoría. Todos a una. Pongamos el bien común por delante de intereses, filias y fobias. El escudo se merece más de lo que le hemos dado todos en estos meses. Y sobre todo: no merece un Heliodoro vacío el día 4 con el equipo jugándose la vida.