Por Chus de León
Ha pasado una semana y todavía no me he repuesto. El viernes pasado me quedé de piedra, absolutamente roto cuando me enteré de que te fuiste con la metralla a otro lado y desde ese día no hago sino pensar en la cantidad de tiempo que se nos va en tonterías, discusiones absurdas y pérdidas de energía en cosas que no merecen la pena. Al mismo tiempo que rememoro con auténtico cariño y nostalgia esos años tan bonitos donde tuve la suerte de compartir tiempo a tu lado, y tan solo acordarme de tus ocurrencias y de tu bendita energía hace que se me salte la sonrisa.
En estos días donde uno no lee sino a gente que no sabe disentir sin insultar o menospreciar al otro, recuerdo tu maestría absoluta en el arte de la retranca. Esos años en Zonablanquiazul donde ejercías con cargo absoluto e indiscutible como el administrador honoris causa de la web, que ni abría el ordenador y que hacía de cemento de bondades entre un grupo de jóvenes con enorme ilusión y ganas de emprender con un tinerfeñismo atroz. Un maravilloso grupo de personas (Checo, Socio, OpCorsa, Javito, Rubisco, Fito, Bango, Matamala and Company) que trasladaron la magia de esos años a momentos de quedadas divertidas y tertulias radiofónicas en un excelente programa conducido por el gran Checo. Ahí primaba la calidez humana, el sentimiento birria y la capacidad de disentir hasta la extenuación y querer hasta la médula a la persona con la nunca te ibas a poner de acuerdo (impensable en lo que se ve hoy). Había amistad y cariño, algo que cuesta ver en las ondas. Y eso se notaba y entraba en la casa de quien nos escuchaba.
Adalid del Avestrucismo, tus divertidos símiles calaron en el tinerfeñismo y aun hoy son recordados. Avestruces contra abducidos. Los avestruces (que tú abanderabas) eran los que escondían la cabeza en la tierra en las victorias y sacaban el sacho en los malos momentos para meter un bandurriazo bueno a quien fuera… Los abducidos perdonábamos todo y más porque estábamos enamorados del Oltra y del proyecto…. y éramos unos incautos. Defensor infinito de Culebras y de Sicilia, nos dabas la tabarra a los que creíamos ciegamente en José Luis y defendíamos que el ascenso llegaría, proyecto que tú no veías que saliera adelante en aquellos años de Ndiayes y Andrés Santos. Fuera lo que fuera en lo que discutiésemos, lo importante era tu calidez humana, tu creatividad, tu capacidad de sorna y de hacer llegar el mensaje, y sobre todo como te hacías querer y lo bien que nos lo pasábamos en los tenderetes en los que nos juntábamos. Benditos envites perica en mano, con tu puro, tu vaso de vino y tu sombrerito. No me quiero ni imaginar lo que el bueno de Fito tiene que estarte echando de menos.
Eres un señor de los pies a la cabeza, lo siento mucho por todos nosotros y por lo que tiene que estar pasando tu gente. Tiemblo cuando recuerdo el abrazo que me diste tras la celebración del ascenso rotos los dos de alegría y tinerfeñismo, demostrando hasta el infinito que las avestruces son aves generosas.
Querido amigo, te queremos mucho y te vamos a echar de menos lo indecible. Dejas un hueco absolutamente insustituible en nosotros. Hacen falta muchísimos birrias como tú en esta casa de locos que somos y siempre, de por vida, podremos presumir de que te llevaremos en el corazón. Hoy me alisto en el bando de los avestruces, detrás de ti hasta donde haga falta.
Arriba el ‘Tete’ Ángel. Descansa en paz.