Por @beatrizpalmero
Disculpen si hoy no hablo del Tenerife, de las casas de los líos, de los agazapados, de las cosas inexplicables del fútbol y de las alegrías que nos da de forma aún más inexplicable. Hoy no. Hoy es 25 de noviembre. Y sólo puedo hablar como mujer. Una mujer que se ha levantado con la noticia de que otra joven ha muerto esta mañana, aquí, cerquita nuestra, porque otro machista decidió que tenía derecho a matarla, igual que tenía derecho a maltratarla, a gritarle y vaya usted a saber a cuántas cosas más. Y otra mujer, su abuela, no pudo entrar en la habitación, cerrada por este desalmado, para evitar la tragedia, ni su madre, vecina de ambas.
Hoy escribo como una mujer que ha visto como un chico de 13 años se deshacía en lágrimas en el emotivo acto organizado en el instituto al no poder evitar recordar los maltratos que sufrió su madre durante años y que, roto de dolor, confesaba que no entendía como algunos de sus compañeros podían tomarse el acto como una fiesta.
Escribo como mujer que escuchó el testimonio de una madre, compañera, que contaba cómo su hija sufrió un intento de agresión por otro machista mientras esperaba una noche un taxi y cómo tres adolescentes, valientes, hombres de verdad aún sin tener la edad para ello, ahuyentaban al agresor para que su hija pudiera contarlo.
Hablo como una mujer que no entiende que existan voces que niegan que las mujeres aún somos muy vulnerables, porque la sociedad en la que vivimos aún nos hace vulnerables, y que equipara la violencia que sufrimos con la que provocamos, olvidando que un 95% de los homicidios que se producen en el mundo, según datos de la ONU, los produce la mano de un hombre.
Afortunadamente, también hablo como una mujer que cada vez siente más hombres que han dejado atrás el machismo, que quieren, como nosotras, una sociedad más igualitaria, donde no tengan que sufrir por sus madres, sus parejas, sus amigas, sus hijas, sus colegas porque haya otros que aún no han entendido que no somos inferiores, ni objetos sexuales, ni instrumentos de usar y tirar cuya vida sólo vale en la medida en la que los satisfacemos.
Disculpen si todavía es necesario que reivindiquemos que hay que eliminar la violencia hacia la mujer cada 25 de noviembre. Yo, como mujer, no puedo olvidar que lo soy.