Dani Cerdeña (Santa Cruz de Tenerife) | El fútbol a cortas edades debería convertirse en un festejo para los más pequeños. Fines de semana donde la ilusión y la felicidad sean los dos vocablos que inunden el corazón y las sonrisas de aquellos niños y niñas que dan sus primeras patadas al balón. Pero el deporte pierde su esencia cuando el valor competitivo se pone un escalón por encima del educativo. Es lo que sucede para que esos días soleados terminen nublados en el fuego interno de los infantes.
Las goleadas escandalosamente abultadas se han convertido en una tónica general dentro de los primeros años de competición federada. En categorías como Benjamín, Alevín o Infantil, las diferencias entre equipos se convierte en una meta insalvable que transforman la diversión en pesadilla. Porque hay verdugos y víctimas, de manera más o menos consciente.
En repetidas ocasiones, llegan a nuestros oídos que X equipo endosa a otro sobre el césped una paliza estadística. Sin ir más lejos, hace unos meses, la goleada del alevín -chicos de nueve años- de la UD Las Palmas a su rival –Las Coloradas- daba la vuelta a nivel nacional: 47-0. Recientemente, el entrenador del alevín de la UD Guargacho mostraba su disconformidad e impotencia viendo como sus chicos pasaban un rato infausto mientras eran goleados por su contrario: 18-0. ¿La justificación del oponente? Necesitamos esos tantos para ascender de categoría. Competitividad antes que diversión y formación.
¿Qué dicen los afectados?
Desde Deporpress, hemos hablado con diferentes figuras que forman parte de esta temática. Tanto con las partes afectadas que han vivido en sus carnes estas goleadas escandalosas, como con los responsables de cadenas de clubes potentes cuya estructura les permiten dominar campeonatos a cortas edades. Además, hemos conocido cómo atenta psicológicamente en la mente de los niños a través de una profesional en el sector. Y con el ente principal en la organización de estos campeonatos: la Federación Tinerfeña de Fútbol (FTF).
Sonia Castro es psicóloga deportiva. Pero también ha sido entrenadora de pre-benjamín y benjamín. Una persona que ha vivido desde la perspectiva técnico-táctica y mental esta problemática existente. “Dirijo un benjamín de primer año, con características motrices primarias, pues aún están en una edad corta: 4-5 años. Jugamos contra un pre-benjamín de 6-7 años. Los niños están aprendiendo a tocar el balón, por lo que no tengo esperanzas en cuanto a marcar goles, pero sí quiero que aprendan las primeras lecciones: cómo funciona el juego, defensa, ataque…”.
[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»right»]José Manuel:»Me preocupa la frustración de mis jugadores. Son solo niños».[/quote]
Todo va bien. Hasta que se pasa a la práctica. “Íbamos perdiendo 16-0, por lo que le dije al técnico rival que se dejasen marcar un gol para reforzar la autoestima de los chicos, de cara a que la semana siguiente arrancásemos con energías positivas. Se lo dijo a sus chicos, pero ellos no lo tenían del todo del todo interiorizado. Sacamos de centro y, con ese 16-0, nos seguían presionando. Recibimos otro gol y pusieron rápido el balón en el círculo central”. Un comportamiento que habla de la frustración cuando lo vives en carnes propias y de la falta de tacto dentro de los clubes para hacer llegar ese mensaje a los más pequeños.
José Manuel dirige a sus chicos en el equipo alevín de la UD Guargacho. Precisamente, fue quien expuso públicamente su disconformidad acerca de esta problemática, donde asegura que el sistema de emparejamientos dista mucho de la igualdad. “Me preocupa la frustración de mis jugadores. Son solo niños. En una primera fase, me meten mi Alevín ‘C’ con equipos ‘A’, donde ves resultados totalmente alucinantes. Y ya sabes lo que sucederá. Mis jugadores no compiten porque son mucho más inferiores a ellos. Casi ni llegan al balón. Llegué a decirles que parasen porque vi que estaban sufriendo con la goleada; y luego encima, los padres los incitan a seguir jugando. Soy un formador, pero veo ese interés frustrado porque sé que nos caerán quince goles como mínimo. Y el técnico rival te dice que tienen que meter muchos porque quieren ascender. Denuncio esta situación porque se produce sistemáticamente. El sistema actual es injusto”. Una tarea donde José Manuel termina haciendo también de psicólogo. “Toca dialogar mucho con los niños. Conversar y tener empatía. Explicarles que no sucede nada cuando pasan estas cosas. Porque ellos luchan, bregan… y me quedo con ese esfuerzo.”.
“A mí no me importa ganar o perder, pero debemos aprender a jugar a fútbol”, reseña Castro. “Y vendrá el día en que un equipo con un pobre desarrollo de la empatía se vea frente a un rival que les plante cara. Y pasará lo mismo: no sabrán reaccionar psicológicamente. Tienes que aprender a ganar y perder”. Un caso que tiene claro en lo personal pero que no ve materializado en otros. “Yo les he convencido de que los goles no me importan. Y como los niños no me ven enfadada ni triste, no notan esa sensación negativa tras una goleada. Ellos intentan aprender valores a través de un deporte. Y toca tomar cartas en el asunto porque sucede desde hace mucho tiempo”.
[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»left»]Sonia Castro: «Debemos aprender a ganar y a perder. Los niños intentan aprender valores a través del deporte».[/quote]
Comenta Oswaldo Pérez, coordinador del área de fútbol base del CD Tenerife, que “para nosotros también es complicado”. Confiesa que es una tónica habitual “en fases como alevines. Y nosotros, como entidad de valor formativa, intentamos evitarlo en la medida de nuestras posibilidades. Les marcamos objetivos durante los encuentros para minimizar esas goleadas: dar tantos pases antes de tirar a puerta, que el esférico pase por todos antes de buscar portería contraria, ejercer una presión más baja… En definitiva, tareas que compliquen la tarea. Pero a veces, ni con esos condicionantes, evitas que se vean goleadas”.
Un paradigma donde entiende que existe una ausencia de perspectiva de la gente. “No llegan a entender que tratamos con niños. ¿De qué vale meter una goleada o quedar campeones de algo tan simbólico como benjamines o alevines? Eso es cortoplacista, pues lo verdaderamente importante es el crecimiento de los chicos desde la cuestión técnico-táctica. Ahí debería estar la preocupación real de los clubes y sus entrenadores, no en si gano 14-0 o quedo campeón. El fútbol durante los fines de semana debe ser un reflejo del trabajo entremedio, pero teniendo claro que juegan a este deporte para divertirse, como medio de disfrute y formativo. La actividad no debe convertirse en un medio de presión. Ni lo veo de esa manera ni podemos trasladar las exigencias propias del mundo profesional a esas edades. Sería irreal e ilógico. Los procesos de madurez son otros”, sentencia ante esta cuestión Oswaldo.
[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»right»]Oswaldo Pérez: «La preocupación debería estar en el crecimiento de los chicos, no en si gano 14-0 o quedo campeón. Los niños juegan a este deporte para divertirse» .[/quote]
¿Existen soluciones?
El deporte base en Estados Unidos podría ser una referencia. Allí, se utilizan las denominadas ‘mercy rules’ (reglas de clemencia) o ‘slaughter rules’ (normas contra carnicerías) cuando se llega a una diferencia exagerada, por lo que se termina cerrando el acta del partido. Incluso, en California, se llegaron a imponer multas de alrededor de 200 euros a entrenadores, suspendiéndolos durante dos semanas por ganar de más de 35 puntos en la liga de fútbol americano para menores de 13 años.
Para Sonia Castro, esas soluciones pasan por una figura que ejerza de ‘portavoz’ dentro de los clubes en esta materia, pero que cree que carece de presencia por motivos económicos en muchos de ellos. Así, aboga porque esa autocrítica nazca desde la directiva, mediante la inculcación desde la base del respeto y la deportividad, donde se realce la diversión sobre el resultado. “Es una etapa de valor formativo. Los niños no pueden actuar de esta manera a esas edades, sin una educación de valores. El problema es que el fútbol es el deporte rey, pues está en todos lados. No es un deporte empático ni tan humilde como el voleibol, por poner un ejemplo. Debe haber un consenso entre clubes para formar por encima de todo. Les enseñas a ganar de forma holgada, pero no herramientas ante cualquier adversidad. Luego, subes de categoría, y ves cómo te plantan cara. No estás preparado para ver que no eres tan bueno como presuponías. El aprendizaje no es positivo mediante esas goleadas sistemáticas en la base”.
[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»left»]Sonia Castro: «El fútbol no es un deporte empático ni humilde. El aprendizaje no es positivo mediante esas goleadas sistemáticas» .[/quote]
José Manuel puntualiza en que ciertos actores no están realmente interesados en el cambio. “Muchos se quejan, pero nadie toma medidas. Los niños deben pasarlo bien, no ver cómo los chicos mayores les pasan por encima. Invito a aquellos que deciden a que vengan conmigo un día a un banquillo y luego entren a vestuarios. Que busquen soluciones por edades. Hay muchos equipos: un A, un B y un C. Diferéncialos por grupos para buscar un mayor equilibrio en la competición. Meterlos juntos y revueltos no lleva a nada. Y en cuestión de goles: una vez llegas a seis, que se acabe”.
Oswaldo Pérez cree que es más una cuestión de sentido común que de normas o reglas estrictas. “No sé si sería partidario de tomar medidas. Creo que debería ser iniciativa de cada club. Debe haber mayor responsabilidad y preocupación interna para que este tipo de situaciones no sucedan a esas edades. Sí abogaría por estructurar mejor las categorías para que esas diferencias disminuyan, ya que a veces hay partidos donde los niños van sin ilusión, conscientes de que les espera una goleada. Hay unas personas a su alrededor que deben velar porque todo transcurra en el camino correcto. A veces, hasta la actuación de los colegiados se pone en tela de juicio desde el minuto cero. Veo muchos partidos de fútbol base y observas impactado esa presión desmedida a edades tempranas, incluso desde la grada”.
[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»right»]Oswaldo Pérez: «Veo muchos partidos de fútbol base y observas impactado esa presión desmedida a edades tempranas, incluso desde la grada» .[/quote]
Sonia sí es partidaria de tomar cartas en el asunto. “Hay técnicas para que no suceda: por ejemplo, si ganas 10-0, no puedes meter un gol hasta que des 20 toques; o intentar pases largos… Si tienes 6-7 años, puedes darles estas premisas para que no suceda. Debes enseñar a jugar”.
La visión de la FTF
La Federación Tinerfeña de Fútbol recoge y apadrina diversos proyectos en pro del enaltecimiento del respeto, los valores, la tolerancia y el fair-play deportivo. Dentro de ese código ético, encontramos programas como el de Punto de encuentro para la convivencia ‘Punto de Oro’, así como del Proyecto Ganar-Familia 3.0, promulgados por la Federación Canaria de Fútbol (FCF) y la Dirección General de Deportes del Gobierno de Canarias.
Espacios que en definitiva fomentan el respeto dentro del fútbol, con incidencia en las categorías de base, donde se apela a que las diferentes partes que forman dicho núcleo –clubes, arbitraje, padres y madres, jugadores, instituciones- funcionen como una entidad unitaria para construir un deporte mucho más ejemplarizante. Pero la teoría queda en papel mojado si no se vislumbra en su puesta en práctica, pues son normas de carácter no coactivo, por lo que se convierten más bien en manuales de estilo, sin castigo en caso de omisión.
Miguel Tomé, responsable del departamento de valores de la FTF, comenta que “son normas autoimpuestas que no se sancionan. Si por ejemplo, yo estoy con mi familia, sé que debo tener un comportamiento ético que aceptamos conjuntamente como sociedad. No hace falta que venga un policía al lado mío para vigilarme. El código ético no vale de nada sin el compromiso personal de cada una de las partes. Y ahí, incluyo por supuesto, a la Federación. Ello no significa que no pueda suspenderse un partido por conductas erróneas, pero aspiramos a algo más”, recalca.
[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»left»]Miguel Tomé: «El código ético no vale de nada sin el compromiso personal de cada una de las partes».[/quote]
Como bien hablábamos anteriormente, existen manuales de conducta donde las diferentes partes pueden tomar cartas en el asunto. Sucede en el caso del árbitro. Punto de Oro recoge que puede ponerse en marcha un protocolo en caso de que los derroteros de un encuentro marchen hacia un clima no educativo, citando a un técnico o delegado de cada equipo para resolver dicho conflicto. “No tiene que haber incidentes, sino basta con que reine una situación antideportivo. Si un partido va 14-0 y quien gana sigue presionando o buscando hurgar más en la herida… ¿Eso es educativo? No. Es raro que en el fútbol profesional veamos que un equipo machaque al otro cuando está todo decidido; terminan bajando la intensidad y no van a degüello porque respetan a sus compañeros. ¿Por qué no se hace con los niños?”.
Tomé reconoce que existe difícil solución si no se llega a un convenio entre las diferentes partes vinculadas. “Se soluciona con el compromiso de cada una de las personas. Son menores y tenemos que respetarlo”. Pero también ejerce autocrítica. “No quiero escurrir el bulto y también digo que es culpa de la Federación. Podríamos reflejar, al final de los partidos, esos resultados con un 1, X o un 2. Como la quiniela. ¿Qué más da si se gana de uno o veinte? Sin embargo, esta alternativa tampoco interesaría a algunos padres o entrenadores a quienes les gusta ver una goleada porque se sienten felices con ello. Además, el periódico El Día en su tirada de los lunes, podrían aparecer esos resultados con un 1-X-2 y no reflejando esas auténticas goleadas. Como entrenador o club, ¿debería colocar a mi club en una categoría donde gane siempre o en aquella en la que se supere? Lo lógico sería lo segundo, pero podría dar nombres y apellidos de entrenadores o padres que priorizan ganar sobre la educación”, añade.
[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»right»]Miguel Tomé: Podría dar nombres y apellidos de entrenadores o padres que priorizan ganar sobre la educación» .[/quote]
Insiste Tomé en que esa pérdida de empatía o de inocencia del adulto termina repercutiendo en la inocencia de los niños. “Como padre, lo primero que debería querer para mis hijos sería que se divirtiese, practicaran deporte, hicieran amigos… no que se reunieran los mejores en un mismo club para que luego pase lo que pase: que unos goleen a otros”.
Porque lo ideal sería que todos casásemos con esas reglas no escritas que, como seres humanos dotados de razón, sabemos diferir cuándo estamos haciéndolo bien y cuándo mal. “Todo este mensaje que cuento es bonito, pero como padre y ser humano, puedo verme traicionado por las emociones. Porque con mi hijo no soy tan guay ni estupendo. También quiero que gane”, confiesa. Y ahí es donde entra la capacidad de introspección de cada persona. “Debo ser capaz de interiorizar mis emociones, reflexionar y entender que lo que yo quiero para mi hijo quizás no es lo mismo que él quiera para sí mismo. Es lo que planteamos en el código ético. Puedo cabrearme o sentirme frustrado, pero no debo trasladarlo públicamente pagándolo con terceros”.
Una temática compleja cuya solución en términos cortoplacistas se antoja complicada si no hay una puesta en común de los diferentes actores vinculados. “La vida no es un diez siempre; a veces es un ocho, otras un siete, o incluso un cuatro o un cinco. La perfección no existe. Además, desde la Federación cometemos otro error, premiando a los entrenadores que ganan en categorías en lugar de aquellos que vencen en términos educativos”, dice Tomé. Porque quizás, a esas edades, no debe premiarse a los ganadores, sino a aquellos que instruyan bien. Valores antes que competición. Porque los clubes tienen mucho de escuelas y los padres-entrenadores mucho de profesores y tutores.