Por @juanjo_ramos
Se utiliza en los últimos tiempos más como ironía que como un reproche. Pero la realidad es que se acumulan los casos, en el entorno del CD Tenerife, de jugadores y entrenadores que terminan exprimiendo mejor sus prestaciones una vez abandonan la disciplina blanquiazul y prueban fortuna en otros lares. Forma parte también de la lógica, puesto que muchos llegan jóvenes y son lanzados a torear en una gran plaza. La Isla no es fácil en este sentido. El nivel de exigencia y la presión del entorno acogotan.
En el plano técnico puede ser Pepe Mel un buen exponente de esta tendencia. Inexperto como era en la temporada 01/02, no pudo con la misión de lograr la permanencia en Primera del Tenerife. Fue destituido, pese a las buenas sensaciones que empezó transmitiendo, y luego ha acabado haciendo carrera con ascensos en el Deportivo Alavés y el Real Betis. Ahora afronta retos como dirigir a Las Palmas casi sin despeinarse. La experiencia es un grado. La que le falta a Aritz López Garai, que torea en su primera gran plaza y a la que se le está haciendo un mundo el asunto. De alguna forma me recuerda a Mel. Tiene pinta de gran entrenador en el futuro, pero su presente pasa por la destitución si no llegan pronto los buenos resultados.
Sobre el césped sobran los ejemplos. En el rival del pasado viernes, el Girona FC, triunfan Aday Benítez y Jairo Izquierdo, que nunca se asentaron en la titularidad del Tenerife. A ambos pareció hacérseles grande el reto en la Isla. Aunque rindió a buen nivel, no contó Choco Lozano con el favor de la grada. Su condición de nueve no vino acompañada por la cifra de goles exigible en estos casos y se le menospreció. El club le quiso más que la afición. Ahora ha sido elegido mejor jugador del mes de octubre en Segunda. Golea y triunfa en el Cádiz, que viene a la Isla el domingo, donde también ha recuperado el nivel el tinerfeño Nano. Sin embargo, pasó con más pena que gloria el año pasado por el equipo de su tierra.
De aquí se marchó Juan Carlos Real porque Joseba Etxeberria no le ponía y ha sido indiscutible en el Almería y el Huesca. Se fue traspasado al Granada Germán, objeto de burlas en sus primeras jornadas como tinerfeñista, y ahora navega en el cuadro nazarí delante de Messi y compañía. Aquí se lesionaba mucho Juan Villar y en Pamplona ascendió siendo una de las figuras. También se marchó Cristo González porque no maduraba y la rompió en el Real Madrid Castilla. Era silbado Omar Ramos y maduró hasta ascender a Primera con el Leganés. Nos sobraba Ángel, que ha hecho carrera en la Península y actualmente juega Europa League con el Getafe. Fue menospreciado Javi Venta, luego subcampeón de Liga y semifinalista de Champions con el Villarreal. Y así un sinfín de ejemplos.
Seguro que en muchos de ellos hay una cuota importante de responsabilidad del jugador, ya sea por su falta de madurez o por su incapacidad para afrontar la presión de una gran plaza como Tenerife. También podemos culpar a los entrenadores que no supieron sacarles ese rendimiento que luego ofrecieron. ¿Pero y el entorno?
No, no es fácil jugar con tanta exigencia. Muchas veces exigencia artificial porque seguimos viviendo en la época de la UEFA y pedimos como si el reto del ascenso fuera una obligación. No, no es fácil atreverse en un sitio donde te marcan como un apestado cuando las cosas no te salen a las primeras de cambio. Donde la grada es más faltona con los suyos que con el rival. Por eso, uno se pregunta quiénes serán los siguientes en emprender el camino del éxito en otros lares: ¿José Naranjo? ¿Undabarrena? Aquí sonreiremos jocosamente al verlos triunfar y diremos eso de: “el que no valía”.