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Errores

Por @rondoscutillas

 

El CD Tenerife ya está en zona de descenso. Es la primera consecuencia del afán blanquiazul por obsequiar a sus rivales con toda clase de regalos en la mayoría de los partidos que disputa. Ante el Racing de Santander, en un partido dominado por los locales con bastante suficiencia, se esfumaron dos puntos en el descuento como resultado de una trilogía de fallos defensivos y temeridades individuales.

Considero que, pese a lo que dictan los números y la clasificación, la situación no es angustiosa. Especialmente porque este equipo tiene cosas positivas. Futbolistas como Luis Pérez, Álex Bermejo, Nahuel Leiva y, sobre todo, Borja Lasso aportan soluciones ofensivas que ya quisieran para sí mismos la mayoría de los equipos que actualmente están peleando por algo en esta Segunda División.

El problema sigue siendo el de siempre. La inercia autodestructiva que, impulsada por fallos severos y evitables torpezas individuales, condenan al empate a un conjunto al que ya no le basta ni con materializar tres goles para sumar una victoria en casa. La generosidad de Alberto Jiménez, reincidente en abusar de la conducción en zonas prohibidas, unida a la poca precisión de Adrián Ortolá con el pie o a la candidez de Robert Mazan para hacer una falta en el descuento con el adversario casi en el banderín de córner y de espaldas a tu portería, se llevó por delante todo el trabajo de 90 minutos.

Este Tenerife, a mi juicio, sigue sin superar algunos vicios del pasado y, lejos de corregirlos, incluso los agranda. Es extremadamente endeble defendiendo a balón parado y concede un sinfín de oportunidades para que el adversario, como el Racing del pasado domingo, se meta en el partido. Por todo lo expuesto anteriormente, estoy seguro de que no es un problema de entrenador. Al menos no en toda su extensión y, por la misma teoría, tampoco es achacable a la utilización de un sistema táctico determinado.

En la temporada pasada, con Joseba Etxeberria primero y José Luis Oltra después como inquilinos del banquillo, recuerdo que la sucesión de fallos individuales condenó también el proyecto del Tenerife en la primera docena de jornadas del campeonato 2018/19. Fali, entonces en el Nástic de Tarragona, remató un córner casi sin oposición que costó dos puntos. Jorge Sáenz sacó el brazo en un salto contra el Deportivo y generó un penalti riguroso que se tradujo en otro triunfo frustrado. Ante el Reus, un atacante sin marca anotó en el segundo palo tras un córner y costó otro punto. Contra el Córdoba, un rival remató solo en la zona de rechace de un balón parado también en el tiempo de descuento. En Zaragoza, Dani Hernández comete un penalti increíble que supone perder otros dos puntos. Y, en Málaga, un remate a puerta vacía de Naranjo que se va alto impide que el Tenerife puntúe en La Rosaleda.

Como verán, resulta muy complicado encontrar un denominador común, por la disparidad futbolística existente, en el que incluir los sistemas y propuestas de juego de Etxeberría, Oltra y Aritz López Garai. La única similitud de todos esos ejemplos con los de este curso es que coinciden en síntomas evitables, como la baja intensidad defensiva, la nula atención en las marcas, el excesivo afán de lucimiento personal de determinados futbolistas o fallos individuales puntuales en la toma de decisiones que terminan costando puntos y partidos. El Tenerife, desde la temporada pasada, solo tiene un gran problema y es haberse convertido en la víctima de sus propios errores.