Por @rondoscutillas
El miedo se ha instalado en el entorno del CD Tenerife. Los blanquiazules sumaron en Vallecas su tercera derrota consecutiva y hay pánico a que la situación empeore con la visita al Heliodoro del Racing de Santander este domingo. El panorama no es, ni por asomo, grave. Al menos no aún. Pero en esta isla que no entiende de grises, urge arreglar el desaguisado y sumar una victoria que devuelva la tranquilidad a los que viven permanentemente instalados en los vaivenes del resultadismo.
Admito que, ante el Rayo, hubo muchas cosas mejorables. El equipo sigue acumulando más errores individuales que cuestan puntos y, por desgracia, eso se ha convertido en una norma demasiado peligrosa esta temporada. La lista de sospechosos habituales es ya tan larga que sumar a la misma la desafortunada salida de Adrián Ortolá, en la jugada del segundo gol franjirrojo, solo contribuye a aumentar la perniciosa tendencia de búsqueda de culpables y quema de brujas tan de moda por aquí cada vez que llega una derrota.
Lo peor, además del deficiente debe individual de determinados futbolistas, es comprobar cómo este Tenerife sigue en construcción. No encuentra el modo de dar continuidad a su propuesta durante los 90 minutos. Y, además, se queda sin respuestas cuando está por debajo en el marcador y pasan los minutos sin que, siquiera, sepamos si el portero del Rayo Vallecano, que tenía 19 años y debutaba en Segunda, es bueno o malo porque los blanquiazules no supieron ni pudieron generar un disparo a puerta con cierto sentido más allá de la excelente jugada colectiva que culminó con el gol de Luis Milla.
Así que, solo a mitad de octubre y a punto de iniciar la jornada 12 de 42, tenemos al equipo a un punto del descenso. Un entorno maduro afrontaría esta situación creyendo en el grupo y apoyando la búsqueda de soluciones que hagan variar el rumbo. Aquí, donde la coherencia es un bien cada vez más escaso, nos lanzamos a debatir si la continuidad de Aritz López Garai debe estar supeditada o no al resultado de este domingo.
Esta isla sigue empeñada en abrir de par en par las puertas del peor escenario posible. Alguien que venga de fuera y lea o escuche lo que se comenta del Tenerife esta semana pensaría que estamos en mayo, al borde del precipicio y, para los más agoreros y negativos, bailando cada fin de semana con los peores fantasmas del pasado.
Por todo eso. Por cómo somos aquí y por lo que significan las dinámicas en el fútbol, el Tenerife debe ganar al Racing este domingo. Con su estilo y sus ideas. Con sus armas y con la esencia de lo que se ha sembrado. Para ello, el objetivo número uno debe ser solventar las graves carencias que tienen los blanquiazules atrás. En lo individual y en lo colectivo. Sobre todo, para evitar que este proyecto, que reitero debe ser a medio plazo, acabe engullido como todos los anteriores por las urgencias y las prisas.