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Desconcierto

Por @beatrizpalmero

No encuentro una palabra mejor para definir las sensaciones que deja el Tenerife en el Heliodoro. Igual que resulta sorprendente la trayectoria a domicilio, conociendo las habituales dificultades que ha encontrado siempre el equipo blanquiazul lejos de su estadio, en casa es difícil encontrar un inicio tan desconcertante.

Lo que más me descoloca es el constante desfile de jugadores en el once y en la grada. Los jugadores entran y salen sin seguir una secuencia lógica, sin tener en consideración su rendimiento o sin tan siquiera atender a las características del rival. Así, después de tres partidos en los que el Tenerife sólo encajó un gol con Carlos Ruiz en la zaga, se queda fuera del once ante el Fuenlabrada para hacer sitio a Alberto con el regreso de Milla. El centrocampista desaparece tras la derrota ante el equipo madrileño y vuelve tras caer ante el Oviedo, pero es el primero en ser sustituido cuando el Extremadura toma la delantera. Shaq Moore ocupa el lateral derecho ante el Fuenlabrada a pesar del buen inicio de Luis Pérez, que entra en la segunda parte para contrarrestar la ventaja de los visitantes. José Naranjo recupera la titularidad (¡como delantero de referencia!) después de cinco encuentros fuera de la convocatoria, con la consecuente sensación para el jugador de que está pasando una reválida. Isma López aparece y desaparece como el Guadiana, Nahuel parece haber sido encajado en el equipo con calzador, pese a su rendimiento y sus gestos desconsiderados, mientras Suso se convierte en un activo infrautilizado, Miérez pierde la titularidad pese a haber demostrado que se deja la piel en el campo y que es el único con movimientos de 9 puro…

Yo ya he desistido a intentar comprender qué intenta hacer el técnico. Por un tiempo atribuí estos vaivenes al elevado número de partidos de estas semanas pero… estamos a principio de temporada y, además, si vas por debajo en el marcador no entiendo que prescindas, para darle descanso, de jugadores como Malbasic, que son capaces de cambiar el partido en un instante. No quiero ni pensar que detrás de todo esto haya presiones internas, ya que entiendo que el entrenador debe estar por encima de esto, aunque a veces no lo consiga como ya hemos visto en el pasado.

Y,  todo esto, tras el encuentro ante el Extremadura, me llevó inevitablemente a una pregunta: si yo estoy desconcertada, ¿cómo encajan esto los jugadores? Obviamente, desde fuera uno no maneja determinadas circunstancias, no está diariamente en los entrenamientos, no controla todas las variables que considera López Garai; pero sus decisiones dejan la impresión contraria, es decir, la falta de control, la arbitrariedad, la indecisión.

El desconcierto.

Y, con la decisión de hacer más sesiones a puerta cerrada, la pregunta vuelve una y otra vez. ¿Es sólo una sensación externa? Espero que dentro del vestuario las impresiones sean otras, porque si no será más difícil que crea en lo que hace y cierre filas en torno al míster.